... que muchas fueron las reuniones de la última semana. Desde multitudinarias, como la de Agrotendencias 2007 del Centro de Acopiadores, o la de girasol de ASAGIR, ambas en el Hilton, hasta muy privadas, como la que se llevó a cabo entre un grupo muy reducido de empresarios, diplomáticos y ex funcionarios, pasando por las glamorosas, como el almuerzo del CICYP (Consejo Interamericano del Comercio y la Producción) que preside Julio Werthein, en el hotel Alvear, y donde el disertante fue el secretario de Agricultura, Javier María de Urquiza. Mientras los comensales arremetían contra un sofisticado strudel de espinacas y jamón serrano con ratatouille, De Urquiza escuchó algo que le alegró el día: «¡Basta de secretarios!, ¡Agricultura debe ser ministerio!», enfatizó Werthein al presentarlo, ante la atenta mirada de Jorge Aguado, el último ministro de esa cartera, hace ya más de dos décadas. Pero no todo fue tan placentero. Ya con el lomo relleno de espárragos y queso de cabra con quiche de humita, se planteó: «¿La crisis es de crecimiento o es de improvisación?», ante lo cual la tensión de De Urquiza lo llevó a afirmar que «habrá más de 90 millones de toneladas (de granos) de exportaciones», en lugar de decir: «de producción», mientras trataba de inclinar la balanza hacia el lado de la crisis por crecimiento. Nada dijo, sin embargo, de la caída de otras producciones, como la de carne, leche o trigo, a pesar del espectacular crecimiento de los precios internacionales en cada uno de esos rubros y sí parece haberse visto obligado a mencionar algo sobre Venezuela, aunque nadie se lo preguntó: «Chávez representa la complementariedad económica, con independencia política», señaló refiriéndose al cada vez más controvertido mandatario « bolivariano». Sin embargo, las miradas cruzadas entre dirigentes y empresarios se produjeron cuando, enfático, afirmó que «vamos a seguir con el sistema de compensaciones, aunque trataremos de solucionar los problemas», aludiendo al engorroso e ineficiente sistema oficial por el cual a algunos productores e industriales se les devuelve una pequeña parte de lo que se les retiene -o saca- por otras vías (retenciones,etc.). Ya para el mousse de chocolate y caramelo con frutos del bosque las caras iban de la resignación a la indiferencia, pasando por el casi enojo. Este fue el caso de un diplomático estadounidense que tuvo que observar como, sin que se le moviera un músculo, el funcionario local afirmaba: «La Argentina está esperando la decisión de los EE.UU. para la reapertura de ese mercado para la carne argentina», el que está cerrado desde el brote aftósico de 2001. Naturalmente, en los corrillos posteriores se escuchó a algún sarcástico preguntar: «¿Por qué De Urquiza no habrá mencionado nada sobre la inexplicable demora argentina en contestar las cuestiones técnicas, lo que hubiera permitido que el mercado de EE.UU. ya estuviera abierto? ¿No será porque aquí el precio del kilo vivo apenas ronda el dólar, mientras allá está a u$s 2,5 por kilo en pie?
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... que la «vedette» indiscutible en todas las reuniones fue, sin dudas, el girasol, que logró superar los $ 800 la tonelada. Por supuesto, el entusiasmo particularmente notable en las dos jornadas que, bajo la batuta de Jorge Ingaramo, organizó ASAGIR era neutralizado por no pocos memoriosos que recordaban la histórica «actitud» de buena parte de la demanda industrial,-cuando la oferta es menos estrecha que ahora. ¡»Vamos a sembrar, y el año que viene, a la cosecha, los precios internos se van a desplomar. Con la cebada pasó lo mismo, y en otras campañas también 'perdimos' con el trigo. Yo ahora sólo hago oleico y con contrato previo»!, señalaba un productor «de los grandes», aludiendo tanto al manipuleo de los precios de distintos granos, incluyendo la cebada del último ciclo, como a los nuevos girasoles alto oleicos, que cotizan por encima del convencional, y del que se esperan ya unas 600.000 toneladas, pero «por contrato». Pero si esta oleaginosa fue la vedette por la positiva, la contrapartida se centró en el cada vez más cuestionado sistema de « compensaciones», que, en el caso del trigo, no termina de destrabarse y ya se está contrarreloj para la siembra. Dicho de otra forma, el gobierno necesita que se produzca más trigo, pero los agricultores no parecen dispuestos a incrementar el área, sensiblemente achicada en las últimas campañas, en las actualescondiciones económicas. «Hoy no se puede sembrar porque no se sabe cuál va a ser la política el año que viene. Ni siquiera si van a estar abiertos los registros de exportación, o no», señaló un productor en referencia al manoseado mercado de este cereal. Pero no todos lo tienen tan claro, al punto que, justamente por esta razón, un encumbrado dirigente rural provocó tal malhumor en un funcionario de Economía durante una de las últimas reuniones, que el representante de la ministra Felisa Josefina Miceli terminó abandonando el cónclave.»¿Para qué hablan si no entienden?», afirman que decía el hombre mientras se retiraba.
... que también crece la inquietud en el sector ganadero, aunque la salida del Mercado de Liniers de los hombres de Guillermo Moreno sirvió para descomprimir un poco el malhumor. De hecho, el fuerte incremento de los ingresos de hacienda a ese mercado tranquilizó los ánimos de los trabajadores, y hasta reapareció el Indice Liniers por el que se rigen cantidad de operaciones. Sin embargo, la nueva crecida del Paraná, la falta de lluvias durante el último mes en buena parte de la zonas ganaderas y la seguidilla de heladas que terminó con campos naturales y pasturas volvieron a poner en alerta a muchos productores. Esto, a su vez, agravó los atrasos en la cadena de pagos, que ya venía trancándose desde las inundaciones de marzo y la nueva prórroga (¡y van...!) en el caravaneo alcanzó para mejorar los ánimos.
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