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28 de noviembre 2006 - 00:00

Ganaderos quieren tener renta y previsibilidad

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Cuando analizamos la situación actual de la ganadería en la Argentina no hay dudas de que las medidas equivocadas tomadas por el gobierno durante este último año y medio nos han llevado a una situación difícil de revertir.

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Nuestra postura siempre fue que, ante una mayor demanda, no hay mejor herramienta que aumentar la oferta. Y el aumento de la oferta va de la mano con dos parámetros importantes en las producciones biológicas de largo plazo: Tener rentabilidad y previsibilidad. Si en un negocio no se gana, no es negocio. Y si en un negocio que se tarda dos o tres años en obtener los resultados se toman medidas a 60 o 90 días, la incertidumbre que se genera provoca la postergación de las inversiones y sin inversiones no hay más producción. ¿Cómo reaccionó el gobierno ante la mayor demanda? En agosto de 2005 prohibió cierto peso de faena (hecho que profundizó la falta de oferta), a los 60 días aumentó las retenciones a las exportaciones, a los 150 días prohibió las exportaciones cárnicas, a los 90 días creó un registro restrictivo (ROE) y permitió 40% de las exportaciones del año anterior, a los 60 días sacó una resolución por 90 días para exportación de los cuartos traseros de novillos de más de 460 kg, a los 80 días amplió esta posibilidad y aumentó 50% las exportaciones del año pasado y hoy quiere una cuota fija de exportación. ¿Se puede seguir con estas desprolijidades, que lo único que traen es incertidumbre, dudas, apresuramientos, hecho que es aprovechado por otra parte de la cadena para hacer la diferencia?

  • Inversiones

  • Como asevera el dicho: A río revuelto, ganancia de pescadores. No hay dudas de que en las explotaciones es muy difícil modificar radicalmente el sistema productivo, las inversiones son de largo alcance y muchas veces específicas, por lo que las decisiones no son fáciles de tomar. Por eso, ante estos cambios en las reglas de juego usamos herramientas, dentro de una misma producción de rápida repuesta, pero que resienten en definitiva al sistema. Por ejemplo, ante la prohibición de exportaciones, el productor que hacía novillo pesado de exportación pasó (con mayor suplementación de granos) a hacer el novillo de consumo interno, que lo terminó rápidamente al sacarlo más liviano (por lo que el país perdió 200 kg por ese animal), lo que sobreofertó el mercado interno, bajó su precio y dejó un bache en las futuras exportaciones de novillos pesados al retirarle parte de su reposición. Estos cambios semanales o mensuales de las reglas de juego, producen inseguridad e inestabilidad en la producción y en los mercados, más aún cuando sus objetivos muchas veces son contrapuestos: Por un lado elevan el peso de faena y por el otro, desalientan hacer el novillo pesado. La única manera de solucionar este problema es con medidas de largo plazo y que le quiten la especulación al sistema para que la parte de la cadena que tiene la posibilidad del manejo de sus costos y su rentabilidad (industria y comercio) no se aproveche del eslabón más débil y sin posibilidad de formar precios como es la producción primaria. Tampoco es correcto usar estos eslabones más fuertes (que muchas veces se prestan al juego) para lograr mantener el precio final del producto porque, con seguridad, esto alentará a una mala distribución de las ganancias.

    2) Demanda: acá tenemos que dividir en dos la demanda, primero la del mercado interno. ¿Cuál es el límite del consumo per cápita en la Argentina? Indudablemente hace tres años el consumo no llegaba a los 50 kg/persona/año, el año pasado fue de 60 kg/persona/ año y hoy es de 67 kg/persona/ año, esto alentado por el bajo precio de la carne en el mostrador, lo que produce que la sustituciónpor otras carnes sea difícil (poniéndole un techo a otras producciones cárnicas), convirtiéndose en un circuito vicioso que alienta la demanda de carne vacuna.

  • Incentivos

    En segundo lugar está la exportación, que con el actual mecanismo de incentivar la exportación de los cortes de alto valor de los novillos pesados e integrar con 50% del año pasado, no tendría que superarse las 600.000 t anuales de carne exportada. La exportación de novillos pesados tiene un límite natural, que son los animales trazados; el total de terneros machos trazados en el país es de 2.500.000, que descontándole 1.000.000 que se destina a la Cuota Hilton nos quedan tan solo 1.500.000 para vender en esta categoría (teniendo en cuenta 100%), por lo que nos daría una posibilidad de exportación de 105.000 t de carne de cuartos traseros. Si a esto le sumamos 50% de lo exportado el año pasado, la vaca y a que muchos mercados se cierran en esta época del año, la cifra a exportar sería similar a la que pretende el gobierno, con la diferencia que éste quiere cuotificar la exportación, lo que caracterizaría la compra y nosotros queremos hacer competir a los frigoríficos, para que paguen lo que corresponde por la hacienda.

    3) Oferta: después de estas marchas y contramarchas del gobierno que obligaron a cambios productivos, hay que buscar mecanismos para aumentar, con lo que nos quedó de la ganadería, la oferta de carne en el mercado interno. La mejor manera de hacerlo y rápidamente, es liberando el peso de faena, redundando en una mayor oferta instantánea, una mayor cantidad de terneros final, una mayor cantidad de carne y finalmente un aprovechamiento más eficiente del maíz. La otra herramienta es seguir con el incentivo de la producción del novillo pesado (agregándole 200 kg de carne por animal), exportando del mismo los cortes de alto valor, alrededor de 45% de su carne, dejando el resto en el mercado interno.

    4) Liberación del peso de faena:

    a)
    Un ternero de 110 kg a 200 kg tiene una conversión de 5:1, es decir que con 5 kg de Materia Seca (MS), podemos hacer un kilogramo de carne, contra la conversión de un animal de 150 kg a 280 kg que es de 7:1. ( Cuadro 1). Por lo que el valor final de producir un kilogramo de un animal liviano es 20% menor que uno más pesado (Cuadro 2).

    b) Esta oferta se va a complementar, primero, con los terneros mamones de la Cuenca del Salado en los meses de marzo y abril, luego con los kilogramos de carne que quedan en el mercado interno, de los cuartos delanteros de los novillos pesados de los cuales exportamos sus cuartos traseros (carne de alto valor). c) Se practicaría nuevamente la técnica del destete precoz obteniendo mayor cantidad de terneros finales. Si a un ternero lo destetamos a los tres meses (alrededor de 100 kg), la posibilidad de que la madre quede preñada es mucho mayor por mejorar su estado corporal. Si al ternero de 100 kg no lo quiere nadie por ser elevado el peso de faena y ser antieconómico agregarle 50 kg más, obligamos al mismo a estar al pie de la madre hasta los 150 kg, es decir cinco meses, perdiéndose por lo menos 5% de preñez. Si tenemos en cuenta 5% de 24 millones de madres en el país, resulta un nacimiento extra de 1.200.000 terneros, no sólo compensaría la mayor cantidad de terneros necesarios en los feed lot (Cuadro 3), sino que dejaría un excedente de 600.000 cabezas. d) Es más eficiente el uso del maíz (muy importante en este momento de escasez). Se gastaría mucho menos maíz para hacer un kilogramo de carne, por lo que con 30% menos de maíz haríamos los mismos kilogramos de carne (Cuadro 3).

    5) Conclusiones: el país tiene que seguir usando como herramienta el incentivo de la exportación del novillo pesado, vendiendo los cortes más caros al exterior (cuartos traseros) y dejando el resto de la carne en el país, para cumplir con la premisa firmada el 6 de Abril de 2006 de mantener el precio de referencia en doce cortes del mercado interno. Se debe ir mejorando el sistema de exportación actual (con un control más estricto de lo exportado), disminuir gradualmente el porcentaje de la integración y de las retenciones, para llegar a la total liberación del mercado. Liberar el peso de faena para obtener una repuesta inmediata en la oferta, para complementar con la exportación y aumentar la oferta de carne por mayor producción final. Con estas dos decisiones empezamos a diagramar una «política ganadera» de complementación y mayor producción de carne, por la que alentamos hacer un novillo pesado para la exportación, aprovechamos un nicho comercial para producciones como el engorde a corral o ternero mamón e incentivamos la mayor producción de terneros. Sería una mala señal bajar tan solo 20 kilogramos el peso de faena (de 280 kg a 260 kg) porque, en definitiva, no se lograría una diferencia importante en la oferta, sigue siendo antieconómico engordar este animal (por su conversión y precio de maíz) y porque le sigue agregando incertidumbre al negocio con los 90 días de vigencia de la Resolución, más aún cuando en los 90 días podemos empezar a sacar los terneros gordos al pie de la madre.

    Sería otra mala señal cuotificar las exportaciones (45.000 t/mes), porque con esto lo único que lograremos es exportarlo mismo, pero de menor valor. Le cambiamos nuevamente las reglas de juego al productor de novillo pesado, dejándolo en el medio del camino al reemplazar su producto por otros.

    No aprovechamos la posibilidad de exportar los cortes de alto valor que están dispuestos a pagar desde el exterior (es preferible vender 600.000 t de carne a 4.000 u$s/t que haría entrar 2,4 millones de dólares al país para ser repartidos en la cadena, que exportar 700.000 a 2.000 u$s/t), incentivamos a vender carne barata al estar metido todo dentro de este tonelaje y caracterizamos el negocio en un grupo de frigoríficos que tienen un poder económico, de gestión y ejecución mucho mejor, que otros que «molestan» cuando les dan las mismas reglas para competir.
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