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8 de diciembre 2006 - 00:00

Impulsan la responsabilidad social en empresas alimentarias

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En los últimos años ocurrió una serie de hechos que socavaron la confianza en muchas empresas, las quiebras de Enron, Parmalat, WorldCom, etc. y la denuncia de que algunas compañías del sector agropecuario ocupaban trabajo infantil o esclavo en sus filiales ubicadas en el extranjero, en países subdesarrollados.

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Los eventos transgénicos, las intoxicaciones en la tapa de los diarios, la gripe aviar, las hormonas en la carne, los problemas ambientales, la pérdida de la biodiversidad, entre otros, han generado un consumidor mucho más exigente (¿e informado?).

Pero también volvió a ponerse de moda, por dos motivos, en primer lugar el auge del consumo responsable (y la calidad) en los países desarrollados; y por el otro, las crisis en varios países en desarrollo que generaron demandas para que las empresas se involucren mucho más con la sociedad (como la crisis argentina de 2001). En ambos casos, originaron un comportamiento distinto en muchas empresas que provocó la notable aparición de protocolos, códigos de ética, certificaciones, indicadores, etc.

¿Cómo se produce? ¿Quién lo hace? ¿Cómo trata a los trabajadores? ¿Puede existir una empresa aislada del contexto social? O dicho más crudamente: ¿puede existir una empresa exitosa en el medio de la pobreza?

En este contexto surge la responsabilidad social empresaria (RSE), que la Unión Europea define como la integración voluntaria, por parte de las empresas, de las preocupaciones sociales y ambientales en sus operaciones empresariales y sus relaciones con sus interlocutores.

La RSE fue inicialmente una respuesta de las empresas y gobiernos a las preocupaciones de la sociedad de los países desarrollados, vinculadas al cuidado del medio ambiente, los derechos humanos, el pago más adecuado por los productos de los pequeños productores, etc.

Muchos de estos protocolos indican el cumplimiento de la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño y varias de las convenciones de la Organización Internacional del Trabajo, etc. En otro orden, algunos refieren a las condiciones de producción y elaboración, períodos de carencia en agroquímicos y situación medioambiental.

En el año 1999, surge el Pacto Global de Naciones Unidas (Global Compact), la iniciativa más importante a nivel mundial, que involucra a 3.800 empresas. Es un protocolo de cumplimiento voluntario, no auditable ni certificable, que propone el compromiso con 10 principios básicos, agrupados en 4 ejes: derechos humanos, normas laborales, medio ambiente y anticorrupción.

En la cadena agroindustrial, estas demandas poseen características específicas, ya que se producen alimentos (en especial cuando hay muchas personas que no pueden obtenerlos) y se trabaja con recursos naturales.

Asimismo, los sistemas de calidad tradicionales han incorporado lentamente elementos de la RSE. Estas normas son mayormente de origen privado y voluntarias, como el protocolo EurepGAP, sobre Buenas Prácticas Agrícolas, requerido por variossupermercados europeos (Tesco, Metro, Ahold, etc.) cuando se exportan frutas y hortalizas.

Para los pequeños productores surge el concepto de comercio justo, un sistema integral que reduce la intermediación y asegura que una parte significativa del precio que paga el consumidor vaya al productor. Quien compra estos productos es una categoría pequeña aún, pero en expansión: «el consumidor consciente» de los países desarrollados. Ya hay varios supermercados en Europa que incluso tienen sus propias marcas de comercio justo: Tesco en Inglaterra y Coop en Italia.

Entre los principios del comercio justo se encuentran: no al trabajo Infantil, no a la discriminación de cualquier tipo, condiciones laborales dignas, inversión de los beneficios en la comunidad, etcétera.

En la Argentina hay dos ejemplos: Coopsol, una cooperativa de Santiago del Estero que produce miel orgánica y la Cooperativa La Riojana con su vino orgánico.

Si los sistemas de calidad en alimentos son en la práctica una barrera paraarancelaria, la incorporación de requisitos ambientales, laborales y sociales, agrega nuevas exigencias a nuestros exportadores.

Desde otra óptica, cuando hoy se discuteen los foros internacionales el « bienestar animal», ¿por qué no incorporar el «bienestar social» a la discusión?

Finalmente, la RSE para algunas empresas será una estrategia de marketing o una necesidad comercial, mientras que para otras seguramente será mostrar lo que venían haciendo bien. Es posible que aun no se diferencie claramente la filantropía empresarial frente al compromiso real de la empresa con la sociedad, como lo plantea la RSE.

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