La Argentina finaliza el año con el más alto índice de presión fiscal de Latinoamérica por las retenciones a las exportaciones agropecuarias, que en 2008 podrían sumar 7.000 millones de dólares gracias al aporte de 80% de la soja y sus derivados.
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La «mayor expresión de la estructura tributaria que afecta al agro son los derechos de exportación que deben tributar las ventas al exterior de productos agropecuarios», sostuvo un informe realizado por la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (AACREA), cuando las retenciones eran menores que las actuales.
El 7 de noviembre último, el gobierno decidió llevar las retenciones a las exportaciones de soja a 35% y elevó la del trigo a 28%, el maíz a 20%, el girasol a 32%; y los aceites y harinas de soja y de girasol a 32% y 30% respectivamente.
En noviembre, esta medida le permitió recaudar 53% más en concepto de retenciones a las exportaciones, respecto del mismo mes del año anterior.
La Bolsa de Cereales de Rosario estimó que en 2008 las retenciones al sector agrícola superarán los 7.000 millones de dólares, si el clima acompaña la producción agropecuaria. Casi 80%, unos 5.200 millones de dólares, provendrádel complejo sojero (porotos, aceite, harina y otros subproductos) que lidera 20% del total de las exportaciones argentinas. La Argentina presenta un régimen de retención que confronta manifiestamente con países agroexportadores de Latinoamérica, como Brasil, Uruguay, Chile e incluso México que no aplican retención alguna a la exportación de productos agrícolas, lo que les permite crecer en la manufactura de productos.
«Los ingresos que tienen esos países por la industria son importantes y no necesitan del esquema de retenciones como el nuestro porque la dependencia recaudatoria es menos significativa», señaló Oscar Faranda, secretario académico de la Escuela de Posgrado de Ingeniería en Dirección Empresarial de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires.
Faranda consideró que «en el caso de Brasil, en especial, la valuación de la moneda hace que el sector agropecuario sea menos competitivo y por lo tanto no puede hacer retenciones a la manera argentina». El productor nacional debe pagar por su producción, además de las retenciones a la exportación, el Impuesto a las Ganancias (35%), al cheque (1,2%), la seguridad social, con una alícuota de 17% por cada empleado, un sellado provincial promedio de 0,5%, Ingresos Brutos que varían según cada provincia hasta 3,5%, tasas municipales e impuestos viales e inmobiliarios. El IVA se considera neutro, pero en la práctica no lo es, de acuerdo con la información de técnicos de la Secretaría de Agricultura de la Nación, ya que el productor paga 21% por semilla y agroquímicos, pero cuando vende el producto cosechado, recibe como devolución un promedio de 9% por ciertas retenciones que se aplican.
Mientras tanto, Brasil crece sin pagar derechos a los bienes de origen agropecuario que exporta, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas, lo que le permitió obtener un superávit de 39.000 millones de dólares de los casi 185.000 millones de la misma moneda que vendió al exterior.
«La agricultura y la industria encabezaron el crecimiento brasileño con 4,5% y 5%», respectivamente, en 2007, consigna el informe. La CEPAL pronosticó altos precios para los commodities (bienes de uso común como materias primas) hasta 2010, lo que beneficiará a la Argentina, Brasil, Chile, Perú, Cuba y Costa Rica, considerados como «los principales abastecedores regionales del mercado asiático».
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