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El desafío del agro es el de producir en forma competitiva y en este sentido la competitividad se mide por el costo por tonelada producida. En cada momento debe tenerse presente el objetivo de producir al menor costo por t, y esto implica que entre todas las alternativas productivas debe apuntarse a aquellas con la relación costos/rendimientos más adecuada. Pero la competitividad depende asimismo de otros factores, que en cada momento gravitan de modo diferente. Este concepto queda fácilmente graficado en el cuadro adjunto, en el cual se muestra la evolución del costo por t para trigo, maíz, soja y girasol, entre febrero de 2001 y 2003.
Puede observarse que desde los tiempos en que el dólar cotizaba 1 a 1 con el peso hasta el actual 3,23 la reducción del costo en dólares por tonelada se sitúa, para los rendimientos expuestos, en un rango de 31% a 39%.
Entre los rubros de bajas más significativas se cuentan los gastos de estructura e impuestos fijos y los gastos de comercialización, seguidos por el costo de labranzas y fumigadas.
La foto del día muestra sólo una parte de la realidad del agro, puesto que no se han incluido en los costos las distorsiones generadas por tasas asimétricas en el Impuesto al Valor Agregado y el Impuesto a las Ganancias más el impacto negativo del no ajuste por inflación.
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