Siguen problemas económicos de los productores
La única alternativa fue "comprar un Zanello con doble tracción y duales" pero "tenía el campo praderizado en un 60 por ciento y se perdió todo".
Ahora que el agua se fue "los vecinos tenemos que aportar dinero o trabajo para reparar los caminos" y a estos inconvenientes "se suma el bajísimo precio de la leche y los pagos demorados de la industria", añadió.
Por su parte el tambero Gerardo Irulegui declaró que "la actual es la segunda inundación que soportan mis vacas lecheras", pues en "1998 tuve que cerrar el tambo y abrir otro en Adela María" y en 2001 "sufrí inundación y encharcamiento en 350 hectáreas, con pérdida de praderas".
El productor estimó que "para el 2003 disminuirá la producción lechera por menor disponibilidad forrajera" y que "ahora no es fácil alquilar campo en zona no inundada, en abierta competencia con los agricultores".
A su vez Martín Gestoso, de Villa Rossi, al sur de Córdoba, con un campo de 1.200 hectáreas que sufrió los efectos de la gran inundación y del cual todavía le quedan 250 hectáreas bajo agua, aseguró que los potreros "que se van secando muestran síntomas de salinización, que obligarán a un manejo posterior cuidadoso, sin movimientos de tierra y con siembra directa de especies forrajeras rústicas".
"Tenemos mucho que aprender en el manejo del agua dentro del campo, porque lluvias abundantes inundan los bajos, pero dan lugar a altos rindes agrícolas, inalcanzables años antes", explica Martín Gestoso, miembro del CREA Laboulaye - Bouchardo.
Otro productor de Cañana Seca, Gustavo Savigliano, dijo que "el problema más serio del inundado es el financiero", pues el "campo anegado configura un sistema más inestable que el anterior" y quien tiene problemas de endeudamiento "debe sanear su economía rápidamente, porque las actividades productivas encierran mucho más riesgo que antes".
Savigliano advierte además que la inundación puede provocar desequilibrios síquicos en el productor, por lo que recomienda "no aislarse" y cuidarse "de caer en la desolación y cambiar hacia una actitud positiva" tratando de "que se inunde el campo, no la cabeza", concluye el informe.


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