El sector de pollos de la industria avícola está terminando un año mucho más complicado que lo presupuestado. Es imposible pensar que sólo hayan pasado doce meses entre lo que estimábamos para 2001 y la situación de hoy. La Argentina es un país naturalmente dotado para producir pollos, la producción está instalada dentro de la Pampa Húmeda (47% en Entre Ríos, 43% en Buenos Aires, 10% entre Santa Fe y Córdoba) muy cerca de los grandes centros de consumo interno y a pocos kilómetros de los principales puertos marítimos y fluviales.
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Transforma en carne de pollo 2 millones de toneladas de maíz y casi un millón de toneladas del complejo soja. Ocupa 52.000 personas, 25.000 en forma directa y 27.000 en forma indirecta.
Los argentinos consumimos actualmente 25,5 kilos de pollo por habitante y por año, un importantísimo consumo si consideramos la media del resto del mundo, y con más razón comparado con los 65 kg consumidos por año de carne bovina.
Consumo
El consumo es holgadamente abastecido por la industria argentina y tenemos una capacidad ociosa de 20% y en aumento.
Durísimo ha sido el camino de la reconversión, incorporación tecnológica, capacitación, competencia y concentración. Orgullosamente podemos mostrar una industria a la altura de las mejores del mundo, en rendimientos productivos y en costos. Somos el noveno país productor mundial. Pero como toda industria necesitamos proyección y horizonte, la nueva tecnología implica recambios permanentes, este año nos hemos atrasado, principalmente en las granjas que son la base productiva. La salida exportadora se ha alejado, perdimos oportunidades por el problema de la aftosa, pero el principal problema es que a la hora de vender estamos caros y los fletes también lo son. La relación con Brasil en el marco de esta asimetría monetaria no puede continuar; a la avicultura la afecta doblemente, como amenaza y formador de precios en el mercado interno, y en el mercado internacional, como el principal exportador del pollo en todas sus formas. Ambos países tienen empresas de igual escala y productividad, pero la diferencia de costos es de 30% menor en Brasil. Esta indefinición afecta a la toma de decisión, nos inmoviliza, perderemos el tren que pasa y el tren del futuro.
Cambio
Pensemos que con esta asimetría estamos negociando Mercosur-UE y Mercosur-ALCA, nosotros seguimos en las negociaciones convencidos de que habrá un cambio, pero negociamos a la defensiva. No hay ambiente de negocios en la Argentina ni con la Argentina. Todo lo que se importa es barato, todo lo que queremos vender es caro. Pareciera que queremos que el mundo se adecue a nosotros, pero interiormente tenemos la sensación de que somos nosotros los que estamos de contramano. Yo diría que la industria por inercia, porque sabe lo que cuesta recuperar las bases de la producción, ha mantenido los niveles de reposición de abuelos y padres. La producción para 2002 continúa con plenas posibilidades, la cosecha de granos será excelente pese a las inundaciones, los espacios para criar y faenar los pollos están disponibles y la gente para trabajar sobra. A los sectores de la producción nos falta saber con absoluta claridad adónde conduce este fenomenal esfuerzo. El contrato psicológico del trabajo, la producción y el Estado están rotos, hay que recomponerlos urgentemente con un objetivo definido y creíble.
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