Bruselas (Reuters) - El comisario europeo de Salud, Markos Kyprianou, prometió revisar la estricta legislación europea sobre el etiquetado de alimentos, como la carne y los huevos, derivados de animales que hayan tomado organismos genéticamente modificados (GMO).
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La Unión Europea establece límites sobre cuánto material GMO puede estar presente en alimentos de consumo humano y animal antes de ser etiquetado como biotecnológico. Pero estas normas, que entraron en vigor en 2004, no se aplican a los productos cárnicos y lácteos que provienen de animales alimentados con GMO.
Para las organizaciones ecologistas opuestas a la biotecnología, esta exención es «una grave trampa» en las laberínticas leyes comunitarias sobre los GMO. En cambio, para la industria biotecnológica y de alimentos para animales, modificar el panorama sería impensable e inaceptable.
Petitorio
Por ello entregaron a Kyprianou, la máxima autoridad en seguridad alimentaria de la Unión Europea, un millón de firmas de ciudadanos europeos para pedir etiquetas especiales para la leche, los huevos, la carne y otros productos que provengan de animales alimentados con GMO.
«Se trata de un llamamiento a la UE para que impida que los transgénicos entren en la UE por la puerta de atrás y terminen en nuestros platos», dijo en un comunicado Juan Felipe Carrasco, responsable de la campaña contra los transgénicos de Greenpeace.
«Con esta entrega de firmas al comisario Kyprianou, exigimos a la Comisión Europea que garantice a la ciudadanía el derecho a elegir si quiere o no alimentarse con productos derivados de animales alimentados con transgénicos», agregó.
Entre los consumidores europeos hay grandes reticencias hacia los alimentos biotecnológicos, y las encuestas muestran que más de 70% está en contra.
En anteriores ocasiones, la Comisión Europea -que prepara las leyes que los gobiernos debaten y aprueban-precisó que no había planes para endurecerla legislación, y que hacerlosería «desproporcionado». Esta opinión, apoyada por la industria de la biotecnología, que insiste en que sus productos son perfectamente seguros, podría cambiar ahora.
«Una petición apoyada por un millón de ciudadanos muestra un fuerte interés en este asunto. Volveremos a considerarlo», declaró el comisario.
La mayoría de las importaciones de alimentos en la UE, principalmente soja y maíz, provienen de países como Estados Unidos, en los que las cosechas con GMO son muy frecuentes.
Más de 90% de las cosechas transgénicas importadas por la UE corresponden a soja y maíz destinados a la fabricación de alimentos de consumo animal.
Esto supondría que todos los años entran en la cadena alimentaria del bloque unos 20 millones de toneladas de transgénicos, según Greenpeace.
Los fabricantes de alimentos de consumo animal argumentan que la constante necesidad de importar alimentos altos en proteínas hace imposible suministrar productos sin GMO a gran escala.
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