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17 de marzo 2016 - 22:35

Bilardo, sobre la entrega del Balón de Oro: "Tuve miedo de ir preso"

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Entrevista Miguel Ángel Rubio.-
Si hay un personaje del fútbol argentino que se mueve con total comodidad en el fastuoso edificio de la FIFA en Zurich, ese es Carlos Salvador Bilardo.

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Instructor de técnicos de la entidad madre del fútbol mundial, el exentrenador es toda una referencia para los dirigentes. Para los actuales y para los anteriores... que hoy brillan por su ausencia.

Dos meses después de la entrega del Balón de Oro a Messi en la híperlujosa noche Suiza del 12 de enero, Bilardo cuenta en la intimidad de su casa el momento de angustia que vivió. "Es increíble. Pero fui a la entrega de los premios anuales y no vi a nadie. Es más: junto a Messi, éramos los únicos argentinos. No había nadie, nadie, nadie... y yo fui porque me citó la FIFA. Porque si hubiera sido por la AFA... ¡Nadie me citó!"

- ¿Se sintió sólo? El Balón de Oro, el premio mayor, fue para un argentino...
- Muy solo. Ojo: yo sabía que esto iba a pasar. Yo sabía...

-¿Por?
- Porque todos desconfiaban. Nadie se olvida de la causa que terminó con muchos adentro... Había mucho miedo.

- ¿Usted también?
- Por supuesto. Para ir lo consulté con muchos amigos. La mitad me decía que vaya y la otra mitad que no.

- Pero si usted no andaba en nada ilícito no tenía por qué temer...
- Claro. Los tipos saben quién es quién. Todos saben que yo soy honesto. Pero en el revoleo uno no sabe, ¿viste? Así que decidí ir pero temblando. Vos no tenés la seguridad de nada. Todos los que yo conocía estaban en cana o prefirieron no ir. No estaban ni Platini, ni Rumenigge, ni Eugenio Figueredo, ni Burzaco... No había nadie. Ah... sí... El único que se me acercó fue Blatter. El sí estaba. Me vio y me dijo: ¨Gracias por venir, Carlos. Usted no sabe cuánto valoramos eso¨. Pero, después... nadie, che.

-¿Ningún dirigente argentino?
- Nadie. A mí me extrañó eso. Yo le di el premio al mejor entrenador que fue para Luis Enrique. Pero me hubiera gustado que el premio a otro argentino como Messi se lo hubiese entregado un dirigente nuestro. Pero no estaba nadie...

- ¿El miedo le duró toda la ceremonia?
- No, mucho más. Desde que llegué a Zúrich hasta que me fui. Recién cuando el avión de vuelta estaba correteando por la pista, recién ahí pensé: ¨¡Fiuuuuu! Ya está. Fuera de peligro...¨ La preocupación era grande.

- ¿Le sorprendió que tanta gente conocida suya haya estado implicada en semejantes ilícitos?
- Siiiiii... No lo puedo creer. Si es así como dicen, es un gran dolor. Una sorpresa muy desagradable, muy fea. Se trata de gente con la que viví muchas cosas... ¡Qué se iba a imaginar uno que iban a terminar todos así!

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