«Me pregunto entonces si sigue teniendo sentido hacer sonar los himnos nacionales», añadió en declaraciones reproducidas por la agencia noticiosa «AFP».
Lo bochornoso es que los problemas del miércoles pasado en Estambul no se limitaron a las habituales rechiflas. Tras el final del partido, los jugadores suizos debieron correr hacia su vestuario para ponerse a salvo de los proyectiles lanzados por el público. Una vez allí, se enfrentaron a golpes con sus rivales.
Ante esto, Blatter fue más allá: los partidos de repechaje, como el de Turquía contra Suiza, se jugarían en un país neutral «para que el orden pueda ser asegurado». Una buena idea.
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