Horacio Zeballos y su vida en el tenis: "Es bravo ser padre y entrenador, hay que llevarlo con mucho cuidado"

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Horacio Zeballos terminó el sábado de Copa Davis con los brazos en alto, sonriendo, mirando al banco argentino. Fue un regreso perfecto para él. Tras cuatro años, volvió al equipo nacional, ganó el dobles junto a Máximo González que selló la serie con Colombia y tuvo a casi toda su familia en el Aldo Cantoni de San Juan: su esposa, sus hijos, su mamá y su papá Horacio, el que lo inició en el tenis y que es uno de los pilares de este deporte en Mar del Plata.

En pocos meses, Horacio padre celebrará los 35 años del Edison Lawn Tennis Club, la entidad del sur de la ciudad que vio crecer a su hijo y que mantiene viva la tradición de los clubes de barrios que poco a poco va desapareciendo. Su apellido está ligado al de un prócer de "La Feliz": Guillermo Vilas.

"No, te agradezco pero no. Vilas es único", se rio Zeballos en las afueras del gran estadio sanjuanino al dialogar con ámbito.com. "Él fue uno de los cinco deportistas del siglo. Entrenaba con él, tengo un año menos. Me tocó jugar dos veces y me ganó en ambas ocasiones", recordó.

Horacio padre da clases de tenis y forma futuras generaciones de jugadores. Como a muchos entrenadores les pasa, era imposible que no le transmitiera la pasión a su hijo. Aunque en su caso, se dio con una anécdota muy particular que muestra que "Horacito", como lo conocen en Mar del Plata, sentía algo especial por este deporte.

"Tenía un año y medio y me veía dar clases particulares, y se metía en las canchas. Una vez no sabía cómo tenerlo quieto, le llevé todos sus juguetes y una raqueta, lo até de la cintura al poste de la cancha 1 y empezó a gritar desaforadamente. Había gente jugando, entonces lo solté, y él agarró la raqueta y se fue del lado del alumno", rememoró Zeballos, quien además mencionó: "Siempre me motivó a entrenarlo, le vi que tenía condiciones desde chiquito. Trabajamos muchas mañanas, y hoy, teniendo su coach y su preparador físico, me pide que lo acompañe a los torneos".

Aun hoy, contó el dueño de Edison Tennis, mantiene diálogos importantes con su hijo a pesar que ya no lo entrena. "Tiene 33 años, toma sus decisiones, pero seguimos charlando y comentando, me escribe a ver qué me parece", relató.

Y de inmediato, soltó una reflexión en tiempos en que los padres no siempre suelen esperan la evolución deportiva de sus hijos: "Es bravo ser padre y entrenador. Hay que llevarlo con mucho cuidado, haciendo algo muy distendido, que sea como un juego cuando son chicos, y cuando son grandes hay que demostrarles que si quieren llegar hay que sacrificarse, pero dándole la opción".

Así como Zeballos viajó a San Juan para ver el regreso de su hijo a la Copa Davis, en la previa había estado en EEUU para ver el ATP 250 de Winston-Salem. Aseguró que es "lindo y gratificante" viajar con el mayor de la familia, pero también tiene que cumplir con las obligaciones: las clases, los chicos, el día a día en su club.

"En enero vamos a cumplir 35 años. Creo que es porque nos gusta mucho. A veces hablamos con mi socio y decimos 'qué barbaridad, cuántos se invirtió en esto'. El club es difícil mantenerlo como está la situación, son muchos costos. Pero es lo que se disfruta, me gusta mucho la docencia, en todos los niveles. Hemos tenidos momentos difíciles, pero siempre hemos tenido muchos chicos, lo hemos podido mantener", indicó, casi en forma de balance de estas décadas, Horacio padre.

Aunque en el tenis el concepto es diferente, la esencia del club de barrio sigue vigente en el sentido de ir varios días a la semana, reunirse con compañeros, mantener la costumbre. Lo que en muchos lugares van desapareciendo, en otros todavía subsiste. "En Mar del Plata hay, pocos pero hay. La situación nos pega igual, y para el tenis se hace más difícil con el tema del dólar", analizó.

Para Zeballos no todo es enseñar a empuñar una raqueta o realizar determinados desplazamientos. Proyectar un jugador también implica aconsejarlos a elegir un camino correcto. "Lo ideal es terminar la secundaria, sí o sí", pidió, para luego recomendar una posibilidad ante las dificultades económicas que imposibilitan los desarrollos deportivos.

"Les aconsejo aprovechar la posibilidad de meterse en la universidad de EEUU, donde se hace mucho deporte. Allá necesitan y captan jugadores, los que juegan bien los becan, si juegan más o menos les dan un porcentaje. Hay distintos niveles y es más fácil para todos", comentó.

"Estudiás, competís, jugás en canchas rápidas, aprendés otro idioma, y te quedan unos años más para seguir formándote. Cuando te recibís, a los 22, 23 años, estás en condiciones de entrar al circuito. A esa edad estás más fuerte. Si empezás a competir después de la secundaria, te agarra uno de esa edad y te mata. Hoy la vida del tenista se extendió. No hay que apurarse", sugirió Zeballos, antes de reencontrarse con su hijo. Ambos se fueron felices, por el regreso, el triunfo, y la unión que les sigue dando el tenis.

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