Huracán alimenta su ilusión a base de goles y triunfos

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Huracán despertó a tiempo, reaccionó a una desventaja de dos goles y terminó imponiéndose con relativa sencillez a Temperley por 4-2, en partido correspondiente a la octava. Fecha de la zona 2 del torneo de Primera División.

El equipo de Parque de los Patricios consumó su cuarta victoria consecutiva, quedó a seis puntos de la vanguardia que ostenta Lanús y ratificó la posibilidad de seguir avanzando, a raíz de que tiene dos encuentros pendientes (ante Aldosivi de Mar del Plata y Argentinos Juniors).

Ramón Ábila fue la figura del elenco "Quemero" y marcó tres goles. La restante conquista fue obra de Mariano González, otro de los factores revulsivos de un "Globo" que se "enchufó" en una ráfaga y neutralizó el ímpetu del conjunto visitante.



Temperley se encontró con una ventaja de dos goles -casi sin haber pateado al arco-, a partir del solitario esfuerzo de Gonzalo Ríos.

El conjunto del Sur del Gran Buenos Aires golpeó justo en el tramo inicial del primer período. Un cabezazo de Ríos y otra aparición casi abajo del arco del ex-Boca Unidos de Corrientes, tras una maniobra de pelota parada, le dieron una insospechada diferencia a la visita.

Pero en apenas 60 segundos, Huracán puso las cosas en su lugar, con un remate violento de González a los 37 minutos y una definición certera de Ábila, 60 segundos más tarde. Así, la igualdad 2-2 pareció un reflejo más o menos creíble de lo que habían diseñado uno y otro equipo sobre el campo de juego. Inclusive, Ariel Cólzera se excedió en la pierna fuerte y el elenco de Iván Delfino se quedó con diez.



En la segunda parte, la ubicuidad de Ábila (6 tantos en el certamen) le dio el triunfo a un Huracán que siempre fue más.

A los 6, el cordobés aprovechó un pase en profundidad, eliminó al arquero Federico Crivelli y despachó la bola a puerta vacía para poner el 3-2. Apenas dos minutos después, el ex-Instituto de Córdoba le pegó pifiado, pero contó con la complicidad del guardavallas visitante y la pelota igual se metió en el arco.

De allí hasta el final, el partido sobró. Porque se sabía que Temperley no tenía la suficiente profundidad como para inquietar a un Huracán que cedió la iniciativa pero no perdió el olfato como para buscar el quinto.

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