Horacio Zeballos, tirado en el piso junto a la red, imploraba al cielo que el disparo que no pudo responder del español Fernando Verdasco se hay ido afuera.
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Mientras todo el estadio de Miami miraba la pantalla para conocer la respuesta, el marplatense, visiblemente exhausto, se agarraba el pecho y, mirando al cielo, le pedía a Dios que le diera una última mano.
Finalmente la imagen demostró que la derecha de Verdasco se fue ancha y el punto, y partido, era para Zeballos, que de preparar sus valijas para viajar a México a jugar un Challenger, pasó a esperar al belga David Goffin en octavos de final del Masters 1000.
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