En su afán por llegar a fin de enero con un anuncio rimbombante en materia de inversiones, Cristina de Kirchner adjudicará hoy el contrato para el tren bala que unirá Buenos Aires con Rosario y Córdoba, que será construido por la empresa francesa Alstom. Se reserva para febrero otro plato fuerte en el menú ferroviario, como lo será la presentación de ofertas para otro tren de alta velocidad, en este caso para conectar Buenos Aires con Mar del Plata.
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Concretará de esta manera el caprichoso anhelo de su marido, quien lanzó en varias oportunidades este artículo de lujo en un país donde conviven a diario las odiseas de miles de pasajeros en el sector aéreo y las tragedias en las rutas, que en lo que va del año ya se cobraron cerca de 90 muertos. Sin contarlas peripecias que deben sortear los que escapan de los trenes abordando servicios de combis, legales y truchos.
Con este marco, ¿por qué el gobierno se empecina en proyectos faraónicos en vez de encarar una solución acorde con otras necesidades más urgentes que tiene el sistema de transporte? Si hasta el propio gobernador de Santa Fe, el socialista Hermes Binner, dijo la semana pasada que existen otras prioridades mucho más realistas que el tren soñado por el matrimonio Kirchner para comunicar Rosario y Buenos Aires en apenas una hora.
Ni qué hablar del monto que se planea invertir: más de u$s 3.000 millones (aunque oficialmentese habla de 1.300 millones de dólares) en un tren que no sólo no devolverá ese monto, sino que, además, exigirá enormes sumas anuales en mantenimiento y subsidios para contener su previsible déficit.
Aunque el gobierno y la embajada francesa anunciaron que el banco francés Société Générale será el que financie el proyecto, se sabe que será el Estado el que pagará por adelantado las obras.
Partida
El Presupuesto nacional incluye una partida de $ 4.000 millones para enfrentar obras como el soterramiento del ferrocarril Sarmiento entre Liniers y Caballito, la compra de centrales térmicas y otras obras públicas. De esa cifra, $ 1.200 millones son un anticipo para el tren bala sin que ni siquiera se hayan definido aspectos del proyecto tan básicos como su traza.
Todo parte del mismo axioma K: embarcarse en anuncios que gustan al público, más activos y atractivos que encarar proyectos para mejorar los actuales ramales que mantienen a los pasajeros como rehenes de conflictos gremiales y malas prestaciones.
Tampoco se entiende por qué el Estado avanza con tanta determinación en obras como ésta, mientras desoye el histórico reclamo de la mayor parte de las provincias para que se reactive el Ferrocarril Belgrano Cargas, ramal clave para el desarrollo de las economías del interior.
Sobre el tren eléctrico de alta velocidad no caben dudas para los expertos en transporte. Su puesta en marcha será deficitaria porque no existe un movimiento de pasajeros que justifique tamaña inversión (y mantenimiento). Pero para eso el gobierno sí parece tener una respuesta: garantizará un bono para los fondos que aporte la entidad financiera francesa.
La firma de la adjudicación del tren de alta velocidad será encabezada por la Presidente y contará con la presencia del ministro francés de Transporte, Dominique Bussereau.
El proyecto contempla la utilización de trenes que pueden desarrollar velocidades de entre 250 y 300 kilómetros por hora sobre doble vía en el tramo Capital-Rosario. Mientras que para el tramo a Córdoba la velocidad será inferior.
Alstom lidera el consorcio Veloxia -integrado también por el español Grupo Isolux y las argentinas IECSA (constructora) y EMEPA-, el único que se mantuvo en el proceso licitatorio.
La visita del ministro francés de Transporte «pondrá de manifiesto el total interés que tiene Francia por la voluntad de la Argentina de posicionarse como un país pionero en el continente americano en materia de tecnología ferroviaria», indicó un comunicado de la embajada en la Argentina. Por su parte, Cristina de Kirchner compartirá tribuna con el gobernador Binner; el intendente de Rosario, Miguel Lifchitz; el ministro de Infraestructura, Julio De Vido; y el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, confirmado en su cargo.
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