Los gobiernos de la Argentina y Brasil cerrarán hoy en Rio de Janeiro un acuerdo para reemplazar el actual régimen de comercio de automotores (sin demasiadas novedades respecto del ya vigente). Así se concluye esta segunda etapa de discusiones, cuya primera parte finalizó hace quince días en Buenos Aires y de la cual quedaron sin resolver la fecha precisa de la liberación del comercio de autos (algo que difícilmente ocurra), el arbitrio de las medidas que obliguen a las terminales a producir en el país donde estén instaladas y el tratamiento arancelario para autopartes procedentes de terceras naciones.
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El equipo de negociadores argentino está encabezado por el secretario de Industria, Miguel Peirano; y el subsecretario de esa cartera, José Luis Díaz Pérez, mientras que por el lado brasileño está el secretario de Producción del Ministerio de Desarrollo, Sergio Martins Mello.
La posición argentina ha sido hasta ahora la de no apostar a la liberación comercial, sino discutir condiciones de mercado y de desarrollo productivo de los sectores para luego buscar ese objetivo. De hecho, autoridades argentinas aseguraron que «si bien Brasil pretende llegar a una situación comercial sin restricciones al final del período propuesto para el régimen, la Argentina rechaza cualquier mención de libre comercio».
Pretensión
Por su parte, Brasil pretende poner día y hora para la liberación de los mercados y se mencionó la posibilidad del 1 de enero de 2008, inspirada en un acuerdo sellado en 2005 por las cámaras de las industrias de ambos países, la argentina ADEFA y la brasileña Anfavea.
En relación con si se arbitrarán medidas que obliguen a las terminales a producir autos en el país donde estén instaladas y el tratamiento arancelario para autopartes procedentes de terceras naciones, la Argentina ha venido sosteniendo que deberá hacerse a nivel de las empresas y no en forma global, de país a país.
El «flex», como se denomina a la posibilidad de desvío de intercambio de un país en favor de otro, se ubica actualmente en 2,60 dólares estadounidenses por uno entre un país y el otro, mientras el gobierno busca que esa relación sea de menos de dos por cada dólar estadounidense exportado.
«En cambio, la Argentina busca que esa relación sea de menos de dos por cada dólar exportado», afirmó una alta fuente de la Cancillería argentina. Aunque se barajan varias hipótesis, todas están ligadas a los plazos de este régimen, y el más largo es de cinco años.
En materia de autopartes, Brasil pretende lograr una mayor rebaja de aranceles para favorecer a la mayoría de las fábricas de autos instaladas en el Mercosur, que están en su territorio. En cambio, la Argentina admite reducciones de aranceles únicamente para repuestos que no se fabriquen en la región, de modo de no perjudicar al autopartismo local. De hecho, con las modificaciones en el tipo de cambio que tuvo cada país en los últimos cinco años, cuando el peso se devaluó y el real hizo el camino inverso, muchas terminales en la Argentina comenzaron programas de desarrollo de proveedores para sustituir importaciones.
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