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Simplemente, Francis Lott habló en un seminario con empresarios franceses interesados en invertir en la Argentina, mencionó el incremento de las inversiones privadas francesas aquí y, como no podía ser de otra manera, enmarcó el conflicto de Aguas de Suez en donde debe estar: a ningún gobierno populista le cae bien anunciar un incremento de tarifas antes de las elecciones. Las cuestiones para el análisis son la respuesta francesa y las consecuencias del retiro de Aguas de Suez.
La respuesta de la Cancillería francesa es obvia por sus muchos años de experiencia diplomática, en las ex colonias en Africa, cuando Idi Amin y otros líderes reclamaban «soberanía» al gobierno galo, éste siempre afirmaba «respetar plenamente» la soberanía de las ex colonias, no sea cuestión de que algún ciudadano francés estuviera en un safari, fuera apresado por la policía local, cocinado en una olla delante de los brujos de una tribu, y el Elíseo debiera cargar con las culpas.
Desde esa óptica, el reclamo argentino quedó en un plano de semejanza al «rugido del ratón», cuando Peter Sellers se paseaba por New York con una «bomba atómica». Lo único que Lott dijo a sus ciudadanos de una manera elegante es que no hagan negocios donde intervenga el gobierno argentino.