En el apuro del Gobierno, las idas y vueltas de la política monetaria del BCRA están ya repercutiendo en los mercados de bienes y servicios y sobre los financieros. Algo se vino observando en las últimas jornadas, no solo a nivel de las distintas versiones del dólar libre sino también a nivel de góndolas y mostradores. Con tarifas congeladas, un petróleo en caída libre, sin paritarias y con dólar oficial bajo cuarentena, los precios domésticos no deberían estar bajo tanta presión, más allá de algún desajuste transitorio entre la oferta y la demanda, sobre todo de alimentos y bebidas. Ahí todos miraron al BCRA que, en su afán, por cumplir los deseos de la Quinta de Olivos, abrió el grifo sin tapujos. El resto ya es historia.
Pero la lluvia de pesos que se registró en las dos primeras semanas de la cuarentena obligatoria (ante la emisión de más de $400.000 millones por parte del BCRA) fue, “sorpresivamente” reabsorbida sobre fines de la cuarta semana, más precisamente el día 17. ¿Qué pasó ese viernes (además que el dólar informal superó los $100)? El BCRA, en una movida a los ’70, obligó a los bancos a aumentar los rendimientos ofrecidos a los pequeños y medianos ahorristas de plazo fijo en pesos (hasta $1 millón) dando como mínimo el equivalente al 70% de la tasa de política monetaria, hoy en 38% anual, o sea, un 26,6%. Más allá de las discusiones sobre el impacto de la emisión monetaria lo cierto es que las idas y vueltas, las descoordinaciones y cierta ingenuidad oficial, están descalibrando las expectativas de los agentes económicos. No es momento de contar las bajas, en medio de la batalla, algún día habrá que mirar más allá, pero hoy hay que ocuparse de llegar a la otra orilla lo mejor posible y con las menores bajas.
Dicho esto, vamos a enfocarnos en lo que pasó en materia monetaria. Ya vimos como en marzo, entre la asistencia al Tesoro (Adelantos Transitorios y Transferencia de Utilidades por $205.000 millones) y el desarme de Leliq y suba de Pases (por $327.107 millones), la base monetaria se expandió $575.948 millones. Pero la mayor parte de esa emisión quedó en el BCRA bajo la forma de encajes de los bancos. Y arrancó abril con una expansión de $150.000 millones. A esa altura, mediados de mes, la base monetaria registraba un crecimiento de casi $530.700 millones. El dato es importante para entender lo que pasó después, a partir del 17 de abril.
Ese día hubo una impresionante caída de los encajes de los bancos en el BCRA, por $493.367 millones. De esta manera la base monetaria que había llegado a $2,426 billones cayó a casi $1,932 billones. Vale recordar que el BCRA venía actuando sobre la demanda de base para encajes para reactivar el crédito. Sin embargo, tanto el circulante en poder del público como de los bancos se mantuvo sin cambios. ¿A dónde fue semejante liquidez? En realidad volvió al BCRA, pero bajo la forma de Pases Pasivos (colocaciones de los bancos en el BCRA). De esta manera la expansión de la base que se perfilaba en torno de los $134.000 millones se transformó en una contracción de $391.801 millones, con datos disponibles hasta el 21. Así el balance del año que venía dando un crecimiento de la base anual de $530.650 millones pasó a ser de solo $4.900 millones.
Lo cierto es ahora la deuda remunerada del BCRA volvió a niveles de ¡$1,954 billones! Claro que las Leliq que llegaron a ser más de $1,7 billones a comienzos de marzo hoy son $1,317 billones (a una tasa del 38%). El resto son Pases Pasivos, $636.485 millones, que reciben una tasa del 11,40%. Hay sí un menor costo financiero para el BCRA, y por ende, menos presión para el déficit cuasifiscal. Pero al fin y al cabo hay casi $2 billones que devengan una tasa diaria. Para los bancos esta movida les permite afrontar el costo de tener que ofrecer mayores rendimientos a los ahorristas, aunque aún sigan siendo negativos en términos reales.
El objetivo del BCRA es que esa masa de liquidez excedente, que en realidad son los depósitos privados que se vinieron acumulando y que nunca fueron prestados al sector privado (la caída del crédito privado en términos reales fue muy fuerte desde mediados de 2019) vaya precisamente a satisfacer la demanda de crédito en medio de la pandemia. Pero el proceso no es tan rápido ni expeditivo. Llevará tiempo. Quizás más de lo que estima el Gobierno. Por lo pronto el BCRA deberá hacer frente a esta mayor deuda remunerada. Por lo menos, hasta que empresas y familias logren nuevo financiamiento.
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