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14 de febrero 2021 - 11:52

Las privatizaciones en la era Menem

Mediante esa política, el Estado perdió el control de empresas en sectores estratégicos como la energía, las telecomunicaciones, el transporte y hasta en la construcción. 

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ENTEl fue la primera privatización de la era Menem.

Sin lugar a dudas, una de las políticas que marcó la presidencia de Carlos Menem, junto a la paridad del peso y el dólar conocida como el "uno a uno", fue la privatización de empresas estatales, que trajo recursos inmediatos para una economía en una seria crisis, pero que tuvo graves consecuencias a futuro.

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Mediante esa política, el Estado perdió el control de empresas en sectores estratégicos como la energía, las telecomunicaciones, el transporte y hasta en la construcción.

La ley 23.696, conocida comúnmente como Ley de Reforma del Estado, fue una ley sancionada el 17 de agosto de 1989, durante los primeros meses de gobierno de Menem. Permitió la privatización de un gran número de empresas estatales y la fusión y disolución de diversos entes públicos, como YPF, ferrocarriles, Aerolíneas Argentinas y las empresas de agua, luz y gas.

La iniciativa fue impulsada por el oficialista Partido Justicialista y sus aliados, entre ellos la UCeDe, que apoyaron en gran medida su aplicación por el gobierno menemista. Álvaro Alsogaray sostenía por aquel entonces que "Achicar el estado es agrandar la Nación".

"Nada de lo que deba ser estatal, permanecerá en manos del Estado” fue el fallido del entonces ministro de Obras y Servicios Públicos, Roberto Dromi, al anunciar el primer mandamiento del decálogo menemista de aquella reforma.

"Nada de lo que deba ser estatal, permanecerá en manos del Estado” "Nada de lo que deba ser estatal, permanecerá en manos del Estado”

Sobre la medida, Dromi justificaba: "Las privatizaciones tenían varios objetivos. Uno era obtener recursos para paliar el déficit fiscal y poder equilibrar el presupuesto del Estado, porque con eso era posible un mecanismo de convertibilidad. Otro era dar eficiencia a los servicios públicos, requiriendo a los inversores una mejor prestación que la que brindaba el Estado. Otro era plantearle a los inversores compromisos importantes de inversión, y esto se puede ver en casi todas las privatizaciones de los servicios públicos".

“Mayor competitividad en el sector privado y mayor eficiencia en el sector público” fueron palabras clave del lenguaje de aquella década, cuando resultaba muy difícil diferenciar el léxico del empresariado del utilizado por políticos y funcionarios.

La privatización de Entel fue una de las primeras y más importantes del gobierno menemista. Se destacó por el incremento del valor de las tarifas telefónicas de manera abrupta. El 7 de febrero de 1990 el aumento fue del 112%, elevándose a más del 300% a fines del mismo mes.​ El valor de ENTel fue fijado en u$s1.672 millones, cuando según estimaciones, su valor real de los activos duplicaba esa suma.​

A Entel le siguió la privatización de Aerolíneas Argentinas, la red vial, los canales televisivos (con la excepción de ATC, hoy la Televisión Pública), gran parte de las redes ferroviarias, Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Yacimientos Carboníferos Fiscales, Gas del Estado, Subterráneos de Buenos Aires, el CEAMSE, y la Casa de la Moneda, entre otras,​ que condujeron a numerosas críticas y denuncias de irregularidades.

Las privatizaciones, entre denuncias de irregularidades y corrupción, son uno de los aspectos que más se le criticó a la gestión de Carlos Menem. Y de hecho muchas de esas empresas, como YPF y Aerolíneas Argentinas como emblemas, fueron recuperadas varios años después por el Estado.

Empresas privatizadas o concesionadas

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