La calma que había mostrado el índice de precios en mayo empieza a encontrar un límite en las góndolas. Aunque el último dato oficial confirmó una desaceleración del IPC, los primeros relevamientos privados de junio muestran que los alimentos volvieron a moverse por encima de las semanas previas y podrían convertirse en uno de los principales focos de presión para la próxima medición.
Después de la desaceleración de mayo, el aumento de alimentos presiona sobre los precios
Un relevamiento privado detectó una aceleración en supermercados durante la segunda semana de junio. Las carnes volvieron a liderar las subas y explican buena parte del avance mensual del rubro.
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Los alimentos volvieron a encender una señal de alerta para la inflación de junio.
El punto más sensible aparece en los productos de consumo cotidiano. Según el relevamiento semanal de LCG, que sigue la evolución de 8.000 productos en cinco grandes cadenas de supermercados, la canasta de Alimentos y Bebidas aumentó 0,6% en la segunda semana de junio. El dato marcó un cambio de ritmo después de dos semanas con variaciones casi marginales.
La aceleración no fue homogénea. El principal impulso volvió a estar en las carnes, que avanzaron 2,1% en apenas siete días y tuvieron la mayor incidencia dentro de la medición semanal. También presionaron las bebidas e infusiones para consumo en el hogar, con un incremento de 1,1%.
Del otro lado, algunos capítulos mostraron leves retrocesos, aunque sin peso suficiente para compensar las subas más fuertes. Lácteos y huevos bajaron 0,05%, mientras que verduras cayó 0,03% en la semana.
Las carnes explican buena parte de la presión mensual
El comportamiento de la carne es el dato que más preocupa hacia adelante. En el promedio de las últimas cuatro semanas, ese rubro acumuló una suba de 4,9% y explicó cerca del 60% de la inflación mensual de alimentos, según el informe privado.
La dinámica mensual también mostró avances en condimentos y otros productos alimenticios, con una suba de 4%, y en verduras, que treparon 3%. En cambio, las frutas fueron el único rubro con baja en el período, con una caída de 0,8%.
Con esos movimientos, la inflación mensual promedio de alimentos y bebidas de las últimas cuatro semanas subió a 2,5%, lo que implicó una aceleración de 0,3 puntos porcentuales frente a la medición anterior. Para LCG, el dato confirma que el rubro volvió a tomar velocidad tras dos semanas de aumentos reducidos.
El alivio de mayo y el riesgo para junio
El repunte de alimentos aparece después de un dato de mayo que había sido leído como una señal positiva por el mercado. El INDEC informó una inflación mensual de 2,1%, con una desaceleración de 0,5 puntos porcentuales respecto de abril y un acumulado interanual de 33,2%.
La baja del índice general estuvo explicada, en buena parte, por la moderación de los precios regulados. Ese componente, que había corrido cerca del 5% en marzo y abril, descendió a 2,4% en mayo y redujo su incidencia sobre el IPC. También hubo una mejora en la inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales. Ese indicador se ubicó en 1,9% mensual, el nivel más bajo del año y una señal de menor inercia en la tendencia de fondo.
Pero la foto no fue completamente lineal. Los precios estacionales jugaron en contra y marcaron una suba de 3,5%, impulsados especialmente por las verduras, que treparon casi 19% en el Gran Buenos Aires. A nivel de divisiones, las mayores alzas de mayo se registraron en Comunicaciones, Educación y Recreación y cultura.
El sendero de desinflación sigue abierto, pero con focos de tensión
Para los próximos meses, LCG espera que la inflación se mantenga en torno al 2% mensual, apoyada en el ancla cambiaria, la apertura comercial y una actividad económica que todavía no genera presiones fuertes de demanda.
De todos modos, la consultora advierte que la continuidad del proceso de desinflación dependerá de algo más que la disciplina fiscal y monetaria. La coordinación de expectativas, la dinámica de las remarcaciones y el calendario de ajustes pendientes serán claves para evitar nuevos saltos en el índice.
Entre los principales riesgos aparecen las actualizaciones tarifarias, los combustibles y la evolución del tipo de cambio desde julio. En ese marco, la proyección de inflación para diciembre de 2026 se mantiene en un rango de 31% a 33% anual.




