La autoridad monetaria intervino en dos oportunidades, a las 11 y las 15, y según trascendió volcó al mercado 24 millones de dólares. El Central puso a disposición de las entidades financieras partidas de u$s 500.000 a $ 1,62, bajo la condición de que el precio de venta al público no supere en 5 centavos este valor, es decir, a $ 1,67.
La estrategia del Central es clara: desviar la demanda hacia las entidades oficiales para tener un mayor control sobre el dólar. Sin embargo, para algunos cambistas se trata de una apuesta arriesgada en que la autoridad monetaria podría dilapidar sus reservas sosteniendo una cotización «artificial». En este sentido, y se según las estimaciones que se manejan en la City porteña desde la reapertura del mercado cambiario la entidad rectora del sistema financiero habría inyectado fondos en un promedio diario de u$s 32 millones, lo que, proyectado a un mes, arroja una preocupante pérdida de casi u$s 800 millones.
Por eso ayer las casas de cambio se mostraron más reticentes a aceptar las partidas del Central, ya que argumentan que se trata de valores totalmente desfasados de lo que percibe el mercado que hoy en día vale un dólar. Además, los cambistas coincidieron en que este tipo de intervenciones sólo genera distorsiones que son aprovechadas por los especuladores que compran en una institución y venden en otra o, simplemente, en la calle. Así, en la mayoría de las casas de cambio el dólar se pactó a $ 1,80 para la venta y $ 1,65 la punta compradora. Estas entidades se abastecieron con las divisas que tenían en stock y con los préstamos de otras casas.
Lo cierto es que, aunque la estrategia oficial tuvo un parcial éxito en los últimos días conteniendo lo que hasta el viernes pasado se vislumbraba como una escalada de la moneda estadounidense, en el Ministerio de Economía no ocultan su preocupación por la amplia brecha entre el dólar verdaderamente libre y el oficial, que actualmente es de 28,5 por ciento. Ello genera una presión adicional para acelerar la medida reclamada por el Fondo Monetario Inter-nacional de dejar flotar el tipo de cambio (que, en principio, se haría en tres meses). Los técnicos del Palacio de Hacienda consideran que la economía aún no está en condiciones de afrontar esto. Pero, además, produce distorsiones en el sector externo, ya que invita a los exportadores a subfacturar y a los importadores a sobrefacturar sus opera-ciones, atentando contra una recuperación de las reservas del Central.
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