12 de abril 2002 - 00:00

Con los radicales, por ahora, paso de minué

Del encuentro en la sala de situación de Olivos participaron todos los gobernadores peronistas -Carlos Reutemann (Santa Fe), Felipe Solá (Buenos Aires), Gildo Insfrán (Formosa), Angel Maza (La Rioja), Néstor Kirchner (Santa Cruz), José Manuel de la Sota (Córdoba), Eduardo Fellner (Jujuy), Alicia Lemme (San Luis), Rubén Marín (La Pampa), Juan Carlos Romero (Salta), Carlos Rovira (Misiones) y el vicegobernador de Tierra del Fuego, Daniel Gallo. Con el Presidente estaban Capitanich, Rodolfo Gabrielli y Alfredo Atanasof. Los mandatarios, antes de que ingresaran los funcionarios, mantuvieron un desayuno a solas con Eduardo Duhalde en el chalet presidencial, donde hubo chanzas y chirigotas.

• Risas

El Presidente y Solá se rieron de una nota publicada en «Clarín» que los presentaba peleados por la emisión de más patacones en Buenos Aires. «Cómo nos matamos ayer, ¿no?», se rió Duhalde al recibirlo a Solá. Este le tomó el pie: «Sí, además, acá te pegan antes de entrar y después van a contarlo a los diarios». En ese momento, entró el secretario Aníbal Fernández, y todos cambiaron de tema. De la Sota hizo otra queja, en ese desayuno, sobre lo que dicen los diarios de la situación en Córdoba. «¿Quién inventó eso de que la culpa de todo la tienen Buenos Aires y Córdoba?» «La vocera de Remes», dijo uno que está bien informado.

«No hay que permitir que se digan esas cosas, cuando hacemos reformas que Nación no hace. Por ejemplo
-se ufanó De la Sota-, hemos votado una ley que le ordena al que corte una ruta que sólo puede cortar la mitad y dejar la otra mitad para que la gente pase», se ufanó. «Qué bueno -bromeó Solá-, mitad y mitad, y si no lo hacés, la Policía te caga medio a palos.» Duhalde aprovechó para un consejo: «Felipe, cuidate, que el indio Singh ya se enteró de que lo imitás, y me parece que no le gusta mucho». Felipe prometió no repetir las bromas, no vaya a ser que después no salga el acuerdo por hacer chistes.

Dos rarezas tuvo la reunión. La primera, que Kirchner casi no habló; la segunda, que los peronistas procuraron rodear por el costado la interna del partido. Entre otras razones, porque no faltó alguno que se animó a saludar a Romero como candidato presidencial (lanzó su postulación la semana pasada). Sí hubo palos a las relaciones entre la cúpula del gobierno y el radicalismo de Buenos Aires. «A veces, para enterarnos en qué nada tu gobierno -carraspeó Marín mirando al Presidente-, tenemos que ir a hablar con los radicales. Y después esos mismos radicales en la provincia son los primeros en criticarnos.»

Duhalde
no tuvo otra que admitir esa paradoja. «Tengo una alianza en el Congreso, necesito tiempo para sacar las leyes, después vemos. Pero por ahora tengo que andar con paso de minué con los radicales, entiéndanme.»

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