Afectos al marketing, a los gestos ampulosos y estruendosos, Néstor y Cristina Kirchner quieren que la ley que elimina las AFJP se vote, con cierto margen, en el Senado el jueves 20 de noviembre, en coincidencia con el Día de la Soberanía Nacional.
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Esta semana, luego del paso de Amado Boudou por la Cámara alta, el bloque del FPV que encabeza Miguel Pichetto conseguirá -avisó a la Casa Rosada que el miércolesdictamen de comisión para avanzar, luego, a la sanción de la ley, juró que con holgura, el próximo jueves. Prepara un festejo, el gobierno, todavía silencioso en el que no faltará la mención a la gesta rosista de 1845. El matrimonio se asume a sí mismo como un suceso histórico, y cada hecho, aunque luego dure 24 horas, lo proyecta como si se tratase de un hecho destinado a los manuales escolares.
El trámite legislativo en el Senado, donde los Kirchner calculan contar con más de 45 votos, se imagina en Casa Rosada y la ANSeS -casi un nuevo centro de poder y decisionestodavía menos afiebrado que el de Diputados, que terminó con 162 manos levantadas a favor del sí.
Pero, en paralelo, el gobierno quiere cerrar un capítulo que aparece por estas horas como un fantasma acechante: que una vez votada la ley, todavía no esté definido el destino de los 10.277 trabajadores -desde gerentes hasta cadetes-de las AFJP que quedan sin empleo.
Listados
Se opera contra reloj: recién ayer, el equipo que montaron el Ministerio de Trabajo y la ANSeS para encargarse de la incorporación del personal recibió los listados de las administradoras de la tarea y el mondo de cada trabajador, además de si cumplen tareas múltiples.
En las próximas horas, se enviarán notas firmadas por Boudou a los más de 10 mil empleados explicándoles el nuevo régimen e invitándolos a sumarse al Estado. Luego, una vez que den ese paso, se verá en qué sector de la administración pueden ser absorbidos.
Se calcula, a priori, que entre 50% y 70% de los trabajadores serán incorporados al Estado, con la misma función y la misma remuneración. El resto, estiman en gobierno, se quedará en los grupos a los que pertenecen las AFJP y, parte, en el Banco Nación.
Todo se explica: la Casa Rosada no quiere que, el día de la votación, y posiblemente cuando se anuncie con alfombra roja la reglamentación, haya en Plaza de Mayo trabajadores -o supuestosde las AFJP protestando. Esa postal es la que quiere evitar el matrimonio.
Será, dicen en gobierno, el cierre «positivo» de un año terrible: la sucesión de conflictos, el derrumbe de anuncios poderosos y, para completar, la amenaza de la crisis como factor que desinfla el único capital que ostentan los Kirchner: una economía en crecimiento.
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