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La Bolsa, sus directivos -y de esto hay constancia en las memorias de la entidad- ya habían advertido a las autoridades económicas desde nada menos que 1947, sobre una bola de nieve que podía tener un mal final; en cuanto algo se desviara, y rompiera, el delicado montaje de las variables económicas y financieras. Por caso, un principio inflacionario a raíz de un manejo irresponsable del crédito, de márgenes bajos y facilidades inconcebibles que se otorgaba a los dispuestos a entrar en acciones, con alguna ventaja especial.
Las autoridades desoyeron todo, dejaron que los precios se alejaran de los sentidos reales de valor de los activos empresarios. Vale acotar que para 1945, nuestra Bolsa cotizaba «166» acciones (casi el doble que lo que posee en 2002) y eran momentos pos Segunda Guerra, donde se habían fundado muchas empresas para reemplazar importaciones que debido al conflicto bélico mundial, no podían arribar. Cinco años más tarde, el listado poseía «266» sociedades: esto da una idea de nuestra decadencia a través de las últimas décadas, de permanente contraerse de cotizaciones.
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