Esa especie de «Trilogía americana», que remedando un notable éxito de Elvis Presley (cuando unía tres de los temas más caros a los norteamericanos) bien podría editarse, con el discursillo del ministro de Economía en la tarde de un lunes que fue muy malo, a priori, para las acciones. Esa trilogía quería cortar una porción bien grande de medidas y también, querían representar profundidad y trascendencia clave para el rumbo económico. Así, se presentó el señor Lenicov anunciando «las obras que habrá de interpretar...» y que incluían normas para los cuadrantes de lo financiero, de lo fiscal, y lo social. Mientras, se iba diluyendo en el ambiente de la calle el «éxito» de esos certificados para poder adquirir inmuebles o autos, donde el que vende ocupa el lugar del que compra, en la cola de los averiados seriamente por ese campo de concentración financiero instaurado. Aparecían en el firmamento, nuevos sustitutos del dinero vaporizado...
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Y, ciertamente, más allá de haber involucrado a la «cotización en Bolsa» y lo cual es de ponderar, porque le arrimará una nueva mercadería en la vidriera del sistema -que buena falta le hace-lo propuesto sonaba a otro chiste de mal gusto. Ver a esos Bonos comenzar a cotizar, da casi la idea de un miserable «tiro al pichón», donde se habrá de extraerles partido a los que de modo desesperado, intentan buscar algo de dinero por lo que antes resultaba mucho más dinero y que era suyo, de libre y absoluta disponibilidad. Pero, se vive en una nube sumamente alta, respecto del resto de los habitantes. O no se habría hablado de «recrear el ahorro», sobre el fuego que devora actualmente hasta a los espíritus más pacíficos. Y no es cuestión de tasa de interés, ni de plazos, ni de instrumentos, es de haber atacado, asaltado, y mancillado, todo el volumen de los derechos privados. Y esto se deberá pagar muy caro, en lo que es la historia de nuestra Nación. A menos que venga algo del «más allá», una dosis inyectable a la población y que devuelva la confianza perdida. Que es de lo único de que se trata: mientras se pregonaba a coro que el problema argentino era estrictamente político, no económico, la caja se iba agotando de todo dinero bien real y dejando anotados papelitos de «vales», que después no valieron nada.
Que salgamos a flote con este tipo de anuncios, es para creer en milagros. Y el mercado de ese día dio muestras de cómo es que el «efecto» -en casos muy puntuales-viene antes que la «causa». Con una caída a pique de 8,5%, las líderes se fueron a barajas un par de horas antes de la alocución del funcionario. Obviamente, y en este gabinete pasa mucho más que en otros, lo que iría a decirse ya estaba en poder de casi todos en la «City» y en los medios. Así que el mercado trabajó en función de los anuncios: y tales medidas golpearon duro. No ya a Grupo Galicia, que va y viene volando, sino a PC y su baja.
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