8 de marzo 2002 - 00:00

Cupones Bursátiles

Hoy, sinceramente, no tenemos ganas de trabajar para la columna. Dirá usted, se tratará de una huelga individual, especie que es la única que falta en nuestro medio. No. Pensará, entonces, el escribiente de esa menguada columna (vaya el calificativo por el espacio reducido y lo poco expandido del pensamiento) no se hallará en buenas condiciones físicas o anímicas. No. Pero es que para decirles a los lectores que hoy no vamos a trabajar ya hemos trabajado casi una tercera parte de la labor diaria... así que solamente les diremos que han tenido la mayor de las fortunas, por cuanto el espacio debe ser llenado en el diario y la forma es enviar al trabajo a verdaderas mentes ilustres, originales, amplias, que forjaron ideas en tamaños reducidos. Los vamos a poner en fila india, decirles que se apresten a oír la voz de largada y... ¡vamos!...

«Nada es ilegal si cien hombres de negocios deciden hacerlo, y eso es cierto en todas partes del mundo» (lo dijo Andrew Young y goza de una pestilente actualidad). «Cuando llegó el hombre blanco, nosotros teníamos las tierras y ellos tenían las Biblias. Ahora, ellos tienen las tierras y nosotros tenemos las Biblias». (Pobre, el Jefe Dan George estaba en lo cierto. Si cambiamos de libro, es lo que ha estado sucediendo con nuestros chacareros.)

«Prefiero que mi pueblo se ría de mis economías antes de que llore por mis extravagancias.»
(Oscar II, de Suecia, no es lo mismo que decir Alfonsín, de Chascomús. O Menem, de Anillaco. Qué va, ni Duhalde, de Lomas de Zamora.) Pero, después de todo, hemos escuchado diversas medidas en estos dos meses. Así que podemos pedir la opinión -»medium» mediante-de un grande de verdad, George Bernard Shaw, que apunta esto: «Un gobierno que le roba a Pedro para pagarle a Pablo, siempre puede contar con el apoyo de Pablo...» (no vaya a creer, aquí hasta los privilegiados y los ladrones se quejan igual).

Esta frase le va a parecer rara, no por lo que dice sino por el autor del pensamiento. Es que uno idealiza demasiado, en especial cuando el carisma del otro ayuda. Veamos si acierta quién dijo esto: «Perdona a tus enemigos, pero nunca olvides sus nombres» (que es un modo de decir: nunca perdones, en buen castellano. Al final de la columna le decimos el autor, piense y sin mirar).


«El capitalismo sin la quiebra es como el cristianismo sin el infierno» (exacto, votamos por esto. Aunque en nuestro medio aquello que aseguró
Frank Borman se cambia por una especie de capitalismo sin quiebras ostentosas. Se deja quebrar perejiles, difícilmente a nombres pesados que todavía pululan -casi cadáveres-embrollando la recuperación general). Un hombre que nació en 1875 y murió en 1935, Will Rogers, era ácido observador. Como para decir: «No hago chistes. Solamente observo al gobierno e informo los hechos». (¡Cómo serían esos informes! Como los de aquí, supongo.) Bien, gracias a todos, volver a los libros. ¿Quién era? John F. Kennedy.

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