Estamos en martes por la noche. Como usted, estuvimos a la pesca de cuanta noticia valedera pudiera darnos alguna pista. Como ciudadanos desorientados, como periodistas bloqueados, como simples analistas de la inversión de riesgo que está conectada a todo lo que en su entorno, local y externo, suceda. Primer pensamiento, después de mucho escuchar y advertir que la nebulosa persistía: mejor, que la Bolsa estuvo fuera de juego. Los golpes, en realidad y para nuestras dimensiones actuales, los «golpecitos de mercadito» que hubiera tenido que soportar el recinto habrían resultado demasiado crueles. Metida debajo de la cama, como muchos que están viendo si pasa el nuevo vendaval desde tan hospitalario, cual clásico, albergue, la Bolsa espía con un ojo y cierra el otro: en señal de espanto.
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Vuelta a cambiar el libreto, había que acostumbrarse a que lo más firme que corría era un retorno al tipo de cambio fijo. Los más imaginativos invocaban una «nueva convertibilidad» y algunos ya polemizaban sobre el valor posible del dólar...
A partir de varios programas que pudimos encontrar, en esa noche de martes, comprendimos por qué Tinelli no ha querido volver: porque le resulta imposible competir con tantos cómicos que andan sueltos y que -a la manera de Buster Keaton-dicen las frases más jocosas del mundo, con la cara revestida del gesto más serio. Por ahí, ya cerca de la medianoche, archiconocido conductor se regocijaba batiendo el parche con algo, más o menos, como esto: «así que nos embromaban hace un par de años, con que el modelo estaba terminado...» Y en lo que pare-cía resultar toda una defensa explícita de un sistema que -sin notarlo nosotros-nos había elevado a la categoría primer mundo, con generoso modo de vivir y de producir, para desbarrancarse por culpa de haber salido del modelo. Por tal tipo de pensamientos es como se entiende que los argentinos repitamos historias en un viaje circular, que nos deposita junto al mismo verso y al mismo cansado pan, una y otra vez. Nadie es responsable de nada, a su turno: cada presidente, cada integrante clave de gabinete, defenderá su sistema aplicado y sus lineamientos, diciendo que el país se hizo trizas a «partir de...» (haber dejado él su cargo, etc., etc.). Hoy,Alfonsín ha tenido nueva ocasión de gobernar y Menem dice que el único que tiene la solución --modestamente-es Carlos Saúl Menem. Falta alguna declaración de De la Rúa, cuando termine de demostrar que no lo quitó la situación creada, sino un com-plot siniestro que tronchó su excelente gestión y desde España nos llamará Isabelita para decir que López Rega no era peronista, sino un infiltrado, y que fue víctima tras no-table gobierno. Y así... En tanto, nos negamos a querer pensar en dónde iremos a parar con nuestra ya anémica bolsita (apagamos la vela y a dormir...).
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