9 de agosto 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Y es así... hace mucho, mucho tiempo, diremos al iniciarle el relato a nuestros asombrados nietos, ya alguien de barba muy blanca, y muy larga, dejó escrito: «reunión de zorros, matanza de gallinas...». No es científica, no hay que buscar intérpretes, no se la hallará en libros de texto que mencionen sobre alianzas de varios, funestas para terceros (como los «oligopolios»), pero se cumplirá a rajatablas en todo tiempo social. Hace poco, muy poco, se forjó un nuevo frente empresario que llamó mucho la atención, al advertirse que estaban entre sus filas gente que -en otros momentos- estaban en veredas opuestas. Algo los unía, en la oportunidad. Pues, ahora está llegando el momento de ejercer mayores presiones y dar un paso a fondo en procura del objetivo: que los mentores de la libertad de mercados, de no poner barreras a nada, de asumir la competitividad a ultranza, de expandirse, apalancarse, arriesgar a ser un complejo cada vez más fuerte, le pasen sus endeudamientos al común de las personas. Quedarse liberados de la carga y, pasando como víctimas inocentes, rearmar filas para volver a cargarse de compromisos basados en la aventura, de la carencia de estrategias sólidas, e intentar ser un líder económico de la región (porque no se conforman, con ser primeros dentro de sus fronteras) caminando sobre las aguas. Si algo sucede, plantarse con gesto compungido y meterle miedo a gobiernos medrosos, con el cuento de que «las empresas van a pasar a los acreedores extranjeros...». Obvio, si sus señores legisladores modificaron el marco legal, y ustedes le deben a cada santo un dólar, lo más lógico es que pierdan. Unos ganan, otros pierden.

Cuando ustedes ganaban mucho, muchísimo. Gran parte de la gente perdía mucho, muchísimo. La tendencia no se modificó para las personas, están todavía peor, pero ahora les ha tocado saber cómo se siente. Entonces, van a la ofensiva para que el Estado tan generoso en tomarse compromisos a futuro (que nunca nadie honrará, porque son incumplibles) haga como en los '80 y asuma que: parte de tales cargas se «socialicen». ¿Por qué? Pues, aparentemente, invocan que la devaluación los ha perjudicado. Y es cierto. Pero, está dentro de las reglas del
riesgo del negocio. Hay unas cuantas de otras empresas algunas hasta cotizantes, que no tienen ningún problema mayor con la devaluación. No los voltea, ni mucho menos. Unos recogen tempestades, tras gozar de una gloria artificial, prestada, y otros se sostienen en sus lugares después de atarse a políticas empresarias nobles, de toda la vida: no utilizar el apalancamiento, más allá de lo razonable.Y estar siempre guarecidos, ante la sorpresa de un cambio de escenario.

En verdad, estos «cupones» de hoy iban a ser de refresco de conceptos sobre «para qué sirve una Bolsa», pero se nos cruzó la novedad que flotó en el ambiente del lunes -sobre otra película: «La carga de los empresarios ligeros»- y como éste gobierno es tan mequetrefe...

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