15 de julio 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Culminando esa intensa celebración de la entidad bursátil, con motivo de su sesquicentenario, la asistencia de las máximas autoridades de la Nación -y siempre es bueno que ello suceda-llevaron la palabra oficial a la Bolsa de Comercio. Frases elogiosas, halagadoras a los oídos de socios y participantes del sistema, pero recreando camino ya transitado antes por diversos gobernantes: remarcar la importancia del mercado bursátil dentro de la vida del país, reclamar su plena actividad y apoyo para llevar adelante el desarrollo económico. Y ciertas generalidades, acerca de nuevas especies cotizantes. El problema de quienes redactan los discursos presidenciales es que ya se han oído antes. Cabe mantener las formas y los buenos modos, que de tanto en tanto se interrumpan las palabras con cierto aplauso (no demasiado entusiasta) y llevándose la sensación de que el gobierno de turno le prestará atención al mercado bursátil. En tal sentido, todo seguirá como siempre y sin que los funcionarios del área tomen clara noción del modo en que una Bolsa es capaz de crear la fuente más genuina y transparente, para asociar el capital público a la producción. Que de eso, simplemente, se trata. El de saber construir el puente que una las puntas, otorgando condiciones para que el ahorro se dirija a una función activa plena.

En el libro del «Centenario de la Bolsa de Comercio», realizado en 1954, hay unos párrafos denominados «palabras finales» que muy bien describen la realidad, después de festejos que fueron en aquel entonces también muy eufóricos. Decía: «Y vendrá después el 11 de julio. Signo de que la lucha cotidiana se reanuda, rumbo a la gran Argentina del mañana». Palabras que encajan perfectamente cincuenta años después, donde todavía se está esperando por la gran Argentina. Pero, además, arriba el día después de la celebración y todo sigue rodando como antes. La Bolsa debiendo procurarse su lugar, no perder lo que le queda, mientras no se le presta más atención que cuando se la precisa puntualmente: por caso, para venir a colocarle una sociedad estatal de energía y que el ahorro público la sustente. Lo mejor de esa minimaratón de festejos, que con muy buen criterio incluyó una reunión en la Rural para sus asociados, y preparada a conciencia, es que los 150 años tuvieron los ribetes adecuados. Medidos los actos, pero no escasos. Sin tirar la casa por la ventana, porque la situación general no da para ello, acorde con la magnitud de un sesquicentenario. Todo llevado en tiempo y forma, sin hechos desagradables -donde hoy en día, son de temer-y enfrentando la tarea desde el día después: para que próximas celebraciones vayan encontrando un mercado más robusto.

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