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El gran desconcierto en que todo está sumido en la población, viéndose envuelto en la mar de declaraciones y salidas impulsivas a seguir toreando a todo el mundo, tanto puede hacer reanimar el precio de un dólar: como aplastar intenciones de consumo o inversión. Un juego peligroso, que se avala con los mismos discursos que están anotados en la historia de los funcionarios: decir que «todo está bajo control. Que hay tanta cantidad de reservas»... y todo lo demás. Hartos de oír manifestaciones ministeriales de pegarles un «sogazo». De estar esperando con «los casos puestos». Y de un control que dura... hasta que todo se descontrola. Es el mal argentino: que nunca aprende de sus experiencias, muchas y penosas, y que transita lugares comunes que ya han transitado otros (otros, fallidos en los cargos). Informate más
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