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«Cuando empiezan a haber signos claros de inflación, ya es demasiado tarde para actuar.» La síntesis de lo dicho días atrás por un economista de Estados Unidos (cuando el viejo «zorro» Alan Greenspan está en medio de iguales preocupaciones) es una buena esencia del mal: una vez puesto en marcha el proceso, se genera una retroalimentación que vuelve ineficaces medidas que se quieran tomar (incluidas las amenazas). Y resulta que aquí hemos visto preparar todo el escenario para que el proceso se hiciera presente, pretendiendo que se lo va a manejar a voluntad en los niveles que no se consideren muy dañinos. Como afirmaba uno de los prominentes funcionarios, durante el mandato de Duhalde: «Un poco de inflación es buena...». Claro, lo malo que no viene con una perilla reguladora y donde cada economía pudiera ajustarla a la medida de los deseos. Como que una esponja se sumerja y tome líquido sólo hasta donde queremos que se expanda. Es muy desgraciado que no hayan tomado la extensa bibliografía que, sobre tal tema, hemos sabido articular los argentinos. Ya que tanto la sufrimos, al menos hubiera servido para preservar a los que seguían detrás.