17 de agosto 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

¿A cuántos sucesivos gobernantes dejarán endeudados, con nuevas emisiones de deuda larga? Porque, con total dinamismo, se planean que partan de 2010 en adelante, más allá de lo ya emitido por el canje de deuda. La siguiente pregunta, sería: ¿a cuántos de tales sucesivos gobernantes, no los volverá a seducir la idea de un default? Pues, con tal facilidad el país ha renunciado a su reputación, en aras de la emergencia, que ya con eso existe un precedente que no descarta para nada el que pueda reiterarse a futuro. Quitar de la canasta de los considerandos tal posibilidad no se nos ocurre como una actitud feliz. Proclive a quedar nuevamente en alta exposición, frente a emisores que repugnaron compromisos, que ni siquiera los buscaron negociar y que ofrecieron una propuesta unilateral, con recortes aberrantes. Si bien está a las claras que el mercado se mueve exclusivamente para intentar la especulación en costo, lejos de poder llamarse «muestra de confianza», o apelativos publicitarios por el estilo, ya hay quienes van quedando nuevamente en la telaraña que propone un país, que ni siquiera se arrepintió de lo hecho y que hasta lo quiere considerar como una suerte de hazaña patriótica.

El «riesgo argentino» podrá haberse achatado a los niveles que ahora se difunden con orgullo, pero el riesgo virtual, que nos dice que el fallido puede volver a repetir el plato, debe calzar unos cuantos puntos arriba. Nuestra sociedad ya parece, en general, no escandalizarse por nada que implique manejos turbios, desvíos, antecedentes poco santos de personajes que se postulan a cargos de importancia. Los que defienden su posición no vacilan en dar ejemplos en cabeza de otros prominentes en altos cargos y creyendo encontrar allí un espejo puro donde mirarse, no hacen más que ampliar el enchastre. (Como Branda, donde al ser objetado, apuntó que «Bordón está procesado y es embajador en Estados Unidos...».)
 
Un asunto como el que se despertó en el vecino Brasil, un también clásico compañero de ciertas correrías, ha llegado a instancias mayores y todo se ha puesto en erupción. Pregúntese el lector en qué hubiera quedado toda investigación de tal tipo, si ésta se hubiese dado en nuestro medio (con cualquier gobierno de los últimos). Es probable que aquello que el lector piensa es lo que pensamos al respecto. Baste tomar algunos casos, como el de los sobornos legislativos, para advertir en cuántas chicanas de la pista se va diluyendo la Justicia.

En tanto cada sector puede extraer lo que le interese, el contexto general no les preocupa en absoluto. Unos, por verse con suma protección para sus productos. Otros, para que rebajen o quiten retenciones, los de más abajo por una recomposición salarial. Pero la idea-fuerza que se desea inyectar es que hay una
nueva era, bisagra para el pasado, cuando todo sigue encastrando perfecto.

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