2 de septiembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

El «cheque diferido» resultó uno de los grandes éxitos de estos años para el mercado bursátil/financiero (aunque a algunos intereses, opuestos a que la Bolsa muestre toda su dimensión, no les haya gustado demasiado). Tras ello, la puesta en marcha de otra buena idea y que, en su ruido, responde estrictamente al espíritu que es la base de la operatoria en Bolsa: realizar eso que los ingleses denominan «act of magic» y que resulta de transformar inversiones fijas y largas en dinámicas e inmediatas. En definitiva, la gran cualidad por la cual a una sociedad emisora y a los inversores comunes les conviene mutuamente que se emitan acciones y que ellas se coticen diariamente. Los unos, para fondearse con capital casi sin costo alguno, asociando gente nueva a la empresa. Los otros, que acaso no quisieran prestar a una compañía por varios años y quedar con capital estático, porque todos los días poseen una cotización y la salida franca de su inversión. Pues bien, lo único que varía en el nuevo esquema anunciado es la especie por utilizar. En vez de acciones, títulos representativos de «plazos fijos», con la condición de que deben ser realizados a más de un año». La misma alquimia anterior, que aquel que no desea estar atado a un compromiso de cierto plazo pueda acceder a la tasa, pero sabiendo que podrá concurrir a la Bolsa a negociar el «plazo fijo», que se ha convertido en «plazo dinámico», opuesto a toda rigidez del sistema bursátil.

Y esto, señores, se denomina «securitización» funcionando a pleno. El mecanismo mediante el cual instrumentos tradicionalmente bancarios se hacen bursátiles que, dicho sea de paso, resultó una nueva corriente iniciada en el mundo por los bancos: yendo hacia lo bursátil. En tal caso, descubriendo que la Bolsa es tan versátil a pesar de sus fórmulas simples y claras, que es capaz de efectuar otras operaciones ajenas a lo clásico, con total eficacia.
 
Lo que se busca, lo expresó en conferencia en Casa de Gobierno el propio presidente de la Bolsa de Comercio -señor Adelmo Gabbi-, es quebrar una concentración de alta proporción de plazos fijos colocados sólo en trayectos cortos. Un riesgo serio para la banca, que está prestando a plazos más largos que el grueso de sus depósitos (opuesto a la primera «ley de oro» de todo banquero, para no pasar sustos). Por «equis» motivos (donde no está ausente una cuota de confianza, que es todavía más declamada que real), la gente no queda cautiva de lapsos más largos que noventa días. A ello le apunta la nueva práctica, que debutará en el recinto bursátil: a que el que desea salirse de su operación lo haga cuando quiera. Y que el tomador esté dispuesto, porque colocará dinero a una tasa superior que si fuera en una renta fija corta. El esquema parece cerrar bien. Más allá de resultados, es un buen intento para que el mercado bursátil despliegue sus posibilidades y todo su potencial.

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