¿Cómo entender la realidad de un país que, así como muestra desesperación oficial por inversiones, ve huir despavoridos a dos grupos extranjeros al unísono? Y que, después de los anuncios, se menciona que en el viaje presidencial intentarán arreglarse las cosas. Cuando renunciaron a seguir jugando esos tan desgastantes ciclos de esperar «hasta después de...». En apariencia, se lo entiende bastante bien desde el exterior, visto que surgen recomendaciones de comprar bonos argentinos. En todo caso, porque en ninguna de las consideraciones se menciona la reputación de fallidos recientes, aquellos que vuelvan a tentarse con papeles locales: que no se quejen de su suerte. Una vez está bien, culpa del emisor; la segunda es entera culpa del tomador. Y sin excusas. Pero así gira el mundo en esos días, por lo que no debe descontarse que aparezcan inversiones y que no se inquieten por « proyectos» como el que referimos en estos días, donde el que tome algún activo público sería poco menos que un rehén y no un inversor respetado. De paso, tampoco hemos visto entre los que recomiendan bonos desde afuera decir palabra acerca de tener que atenerse a la pura legislación local: a menos que no les parezca importante el respaldo jurídico de sus potenciales clientes.
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Nos imaginamos a una parte del gobierno festejando la ida conjunta, de los que estaban en Aguas Argentinas (ideal para dar otro paso al dirigismo y la captura de otra privatizada). Pero, a otra parte observando preocupada que los españoles hayan seguido a los franceses: siendo que el único país europeo donde se puede decir que hay buen eco es España. Y que el asunto no termina con que a uno le tiren la llave de la empresa, después habrá que afrontar seguros litigios.
Gobierno que ahora dice que no le gusta el clientelismo, pero que suelta a sus funcionarios por puntos clave de las próximas elecciones, llevando subsidios como los Reyes Magos. Y que anuncia, con bombos y platillos, elevar a los jubilados -que aportaron la mitad de su vida- en $ 40, para llegar al notable nivel de $ 390 mientras los piqueteros reclaman $ 350, habiendo hecho de la protesta un trabajo y exigiendo un ingreso casi igual al de un trabajador jubilado. Contradicción pura, que se extiende a muchos temas más y en la que todo el marco, donde debe desenvolverse la actividad económica, es más inestable que un flan. Y todo esto va decantando hacia la Bolsa, que muestra una fisonomía sumamente extraña. Con los arrebatos ya comentados de los golpes de mercado, en volumen, junto con los días donde se parece a un café-concert al que solamente le faltan los tragos y alguna música de fondo. De algún modo se las fue arreglando la tendencia para estar a lomos de los 1.600 puntos, cuando tiene no una, sino varias causales en el contexto, como para moverse con sumo cuidado: siempre. Informate más
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