20 de septiembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Gasto vs. recaudación será uno de los dilemas por ver de qué modo se resuelve. Precisamente, es uno de los que más incógnitas plantean para el mentado «después de octubre». Y hay allí una relación sumamente peligrosa, como cuando los banqueros invierten su ley de oro y se lanzan a prestar en largo y fondeándose en corto. Como existe un paquete de compromisos cada vez más denso, en cuanto a ampliar monto de erogaciones de carácter fijo, la contrapartida está basada en buena parte de ingresos, atados a variables. Agro, petróleo, commodities que se mecen como hojas al viento y de los que se puede contar por ciclos, pero que no poseen ningún seguro de permanencia en sus niveles altamente rentables, pueden resultar un flanco débil si el mundo se da vuelta en aquello que le exportamos. Se vive, en buena parte, de retenciones angurrientas, de impuestos adicionales sobre los mismos productos. Y la propia rueda económica interna está montada sobre esos regios ingresos en dólares.

Si la caja se reduce, las obligaciones solamente podrían hacerlo revirtiendo subas de ahora, que pasan a resultar como un derecho adquirido (como salarios) y no actúa elásticamente el gasto respecto de la recaudación, ni del superávit.

De allí que cobra cuerpo, en todos los ambientes, la impresión de que se intente colocar dentro de un marco más gobernable aquello que hoy parece ser una administración fastuosa, que parece tener dinero para todo y para todos. Para aumentar sueldos, para incrementar partidas, para inyectar subsidios, o para anunciar obras de todo tipo y magnitud. Es innegable que la suerte de los ciclos altos, que acompañó a esta gestión como no lo hizo con anteriores, puede mostrar serias fisuras si es que el entusiasmo por distribuir «riqueza», que no puede ser proyectable, porque depende de cuestiones que no son gobernables, no ingresa en una etapa de austeridad.




Y los argentinos parecemos condenados a repetir también los ciclos, de aterrizar hasta lo más profundo de los valles: para comenzar a salir y explotar de inmediato en las euforias de repartos y de satisfacer los llamados «consumos reprimidos». Para volver a caer en la falta de previsión y no saber acumular, en épocas aleatoriamente de bonanza, para afrontar los períodos flacos de los ciclos. Falta poco para llegar a las instancias electorales, a que se puedan ir disipando las teorías acerca de cómo será la posterior gestión oficial respecto de muchos temas. Y uno de los vitales resulta el de la relación entre lo que se ingresa, lo que se gasta... y lo que se guarde.


A todos nos cuesta, después de pasar época de necesidades, no partir en excesos al momento de engarzar con un terreno fértil. No deja de ser grave para una economía familiar, doméstica. Pero, en ejecución de un gobierno, puede llegar a ser letal. Virus de desastre.

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