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Sucede, como siempre, que si alguna corriente posee adherentes que se pliegan a la creencia, el movimiento se robustece y se retroalimenta, en un curioso círculo del que no se sale y donde la especie creída empuja los precios. Y los precios le dan más eco y poder de expansión a las especies. Que cada vez se van adornando con mayores supuestas señales, acerca del incentivo para mover las ruedas.
Aunque aquello en que se forjaron se haya diluido con el tiempo. Respecto de lo político, la versión sobre «la Bolsa no se equivoca nunca» tiene sus muestras a favor y, otras, francamente en contra. Incluso, no es sencillo dilucidar a qué se refiere la «no equivocación». Si fuera por la decadencia del país, que es un sesgo bien remarcado, el único resultado ganador hubiera sido la tendencia bursátil, en contra de todo gobierno que hubiera salido electo. Porque la gestión terminó de mala manera, con las pruebas en la decadencia a que se llegó. En cambio, si es por cómo apostó el mercado y qué sucedió luego, se podrán encontrar muestras claras en contra -al momento de la elección que después se tornaron tendencias muy positivas. (Menem puede ser un ejemplo mayor, en el antes y el después de tal opinión bursátil). Lo mejor, no buscar fuegos artificiales, ni mecenas de cartón.
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