De modo casi imposible de creer, las notas de ciertos medios -apoyando la conmemoración del 24 de marzo de 1976- no sólo que prosiguieron una semana más allá de la fecha, sino que algunas hicieron tal maceración de sucesos corrigiendo el orden cronológico: como para que todo comenzara en marzo del '76. Nos atenemos sólo a las que tienen que ver con nuestra columna, para no dejar pasar lo que constituye una historia falsa de aquellos tiempos. En nota del pasado 2 de abril, en «Clarín», se titula: «El año en que comenzó a rodar la bicicleta financiera nacional». Sin una sola línea para ubicar al lector en el contexto del que se provenía -por ejemplo, más de 300% de inflación en 1975, camino de una «híper» desenfrenada- se aborda directamente el anuncio del plan del Dr. Martínez de Hoz. Y como para justificar el título, se afirma que «se decidió comenzar a financiar el déficit fiscal con la emisión de títulos. La primera gran oleada especulativa se produjo, precisamente, con la compra de Valores Nacionales Ajustables...». A cualquier desmemoriado, o desprevenido, le queda la sensación que se procura en la nota: que los VANAS -que indexaban por inflación- eran una creación del plan de 1976. Cuando, en realidad, habían sido una funesta emisión proveniente del gobierno de Isabel de Perón. Y ya para 1975 habían originado «fortunas» salidas de la simple compra-caución-recompra, fogoneado por la inflación desbocada. Y, además, resultaron las primeras ruedas de una «bicicleta» que venía rodando velozmente desde antes de 1976. Y los ágiles VANAS debieron ser rescatados, pero no por los mismos que los crearon (como se intenta hacer creer).
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Al hacer referencia al desarrollo accionario, se menciona que «las acciones de varias grandes empresas industriales tradicionales se convirtieron en fichas de gran circulación en el casino porteño...».
También en esto, ninguna explicación que ayude a saber el porqué de semejante explosión bursátil, a partir de abril de 1976. Ahogados por la especulación con VANAS, la gente huyendo hacia cualquier activo, menos las acciones: en enero de 1975 el índice de la Bolsa marcaba «133,50» y, a finales de diciembre, estaba en «47,79» (en valores constantes). Los grupos de control, a sabiendas de que sus títulos valían «centavos de dólar» y con patrimonios netos a valor histórico (sin poder ajustar y distribuir por inflación), tanto como capitales que no se habían readecuado, eran los tomadores de los escasos títulos en juego. Al reabrir la Bolsa, en abril de 1976, se halló un mercado «seco» de oferta y con un gran frente comprador: adelantándose a la «ley de revalúos contables» y a paquetes empresarios que debían reacomodarse, en dólares, a una realidad. Después, hay mucho para criticar: sin tener que falsear.
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