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26 de junio 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

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Como de lo que sucede en Cuba nunca puede saberse con claridad, solamente hay que tomar la noticia como viene. Y ésta nos traía el informe acerca de un funcionario de gobierno que fue penalizado con doce años de prisión por haber sido acusado de «corrupción». Nos preguntamos qué sucedería si se propusiera un régimen similar de castigos para los casos argentinos. Y, de inmediato, imaginamos a casi toda la clase política/ legislativa aunándose en torno de que tal castigo «es excesivo». Otros diciendo que «sería inaplicable». La gran mayoría descalificando semejante idea de «mano dura» y agregando que, además, «no da resultado».

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Los que hacen de Castro un ídolo y de Cuba una suerte de espejo donde mirarse se cuidan muy bien de ponderar este tipo de novedades. A un país y una sociedad como los nuestros -a la vista de tantos casos, en tanto tiempo- no parece venirles mal un régimen tal. En otro flanco de nuestro escenario, los terribles barras bravas que pululan y hacen las mil y una de desmanes en nuestros estadios, en Alemania se portan como señoritos. Muy suelto de cuerpo, días atrás uno declaraba: «No, acá nos quedamos quietos, porque no se puede». Prueba práctica de que cuando existe un marco legal, y la ley se aplica con la severidad necesaria, también los duros se ablandan. Y que no es todo cuestión de educación, sino del marco que cada sociedad dispone para que los ciudadanos se allanen a ello. No hay alquimia cuando un desaforado y agresor en la Argentina se porta bien en Alemania: ni estudió, ni se educó en el viaje. Es el mismo personaje, que sabe dónde puede y dónde no. Y si algunos se desbandan igual, deberán sufrir consecuencias por aquí desconocidas. Tan simple.

Si se pasa al plano del delito económico, de los desvíos, los considerandos son por el estilo. Vivimos en un marco laxo, sumamente elástico y que se comprueba en todos los segmentos sociales. En lo de Cuba, es probable -casi seguro- que horrorice mucho más saber de los doce años de cárcel que de la «corrupción» de un funcionario público. O ver salir esposados -y con una carga interminable de años de prisión- a ejecutivos de Enron, que el desastre que causaron. Si alguna vez dejamos de importar sólo la faceta romántica, o confortable, de otros países y nos dedicamos a incorporar la sección de los marcos que se imponen, acaso podríamos empezar a ver un país mejor y más allá de las reservas del Central o el aumento del PBI.

Y si se toma el sistema bursátil, con el caso que estalló de Tenaris afuera, seguramente alguna vez también habrá que tener normas más rigurosas y una entidad que las aplique severamente. Que pregonar «transparencia» es una cosa y practicarla es otra.

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