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11 de octubre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

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El gobierno, tan dirigista como es, prosigue empeñado en determinar de por sí hacia dónde deben ir derivadas las inversiones de las AFJP. En los últimos meses, periódicamente, retorna la mira hacia tales recursos a los que se denomina como « jubilación privada» y que, simplemente, están a expensas de las metas de funcionarios de turno. La enorme masa de aportantes viene a resultar objeto del deseo y las administradoras solamente brazo ejecutor de lo que les ordenen de arriba. Días atrás, lo publicó nuestro diario, parece que se habían enojado mucho porque -se decía- las compañías habían invertido fuerte cantidad (unos 1.000 millones de dólares) en activos brasileños. Y cómo no se iban a enardecer, que suele ser el modo en que se expresan, si ya quieren diagramar nuevamente una serie de «inversiones reales», así las llaman, que no son más que los dudosos proyectos que piensa implementar este gobierno.

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Se constituyen así los funcionarios en una suerte de «voz de los que no tienen voz» (los aportantes) y debido a la pasividad con que se asimilaron desastres de estos años (con carteras también inducidas desde gobiernos anteriores) no puede existir caja más exuberante -y tentadora- que la que se acumula en las arcas de los fondos de pensión. Si tales inversiones después resultan un fiasco, las carteras quedarán con el lastre, y las cuotas parte de los afiliados caerán verticalmente (como sucediera). Posiblemente aparecerá algún nuevo gobernante, tildando de «malos administradores» a los que ejecutaron tales deseos anteriores. Y procurarán otra serie de grandes inversiones, a gusto y placer y sin mayores quejas.


Los «fideicomisos», el instrumento de moda una vez que se agotaron las otrora publicitadas ON, irán en dirección a estos fondos de gran densidad que residen en las cajas de las AFJP. Restadas las monstruosas comisiones, lo que queda es de manejo oficial en todo tipo de versiones ( desde el título público hasta lo que ahora se avecina) con algunas migajas para que se puedan invertir en otro tipo de activos locales y externos.

Obviamente que nunca se verá un sondeo, una encuesta, un pedido de opinión a los adherentes que aportan mensualmente lo suyo y son los verdaderos dueños (y hacedores) de tales fondos. Puede que se considere que la gente es apta para depositar, pero es muy ignorante para juzgar y decidir, u opinar. Entonces, se precisa que nuestros «iluminados» hagan el sacrificio de guiar, con mano sabia, esos fondos.

Antes era la financiación del faraónico gasoducto hasta Venezuela. Ahora, aparecen las obras de infraestructura en energía con supuesta rentabilidad, en un más supuesto lapso y siempre con la «garantía» que ya ha demostrado su hilacha con el canje. Así estamos.

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