Sea Soros o sea Chávez, lo cierto es que otro nombre tradicional de nuestra vida económica podría revistar bajo la vigilancia foránea. Siderúrgicas, petroleras, cementeras, alimentarias, gran parte de las agropecuarias, han venido siguiendo el camino de la venta y del ingreso de capitales de afuera.
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Mucho se viene hablando de SanCor, el caso que bien podría tornarse en materia de estudio para terciarios, y la participación sucesiva de personajes de enorme peso mediático le otorgaron un realce fenomenal. Solamente faltaba que un Donald Trump se sumara a la lista de postulantes (y, con él, cartón lleno).
Pero, de todo lo que viene hablando es de los efectos y del antídoto, antes de que el veneno del pasivo llegue al corazón de la compañía y la aniquile. Que si la suma que se requiere es la de Soros -u$s 120 millones-, si Chávez está puesto por la mano del «comisario» local, lo suyo -u$s 80 millones- se queda corto y no se sale.
El tema no abordado es: de las causas. De cómo una administración por «cooperativas» puede llegar a caer en semejante endeudamiento asfixiante. Porque, debe convenirse que las cifras que se lanzan como las necesarias para poder reflotar, no son poca cosa. Al contrario, es una cantidad enorme y donde -seguramente- se hará presente el argumento de la devaluación, de los pasivos en dólares, etc., etc...
Ciertamente que no es buena publicidad para el sistema « cooperativo», sobre el que siempre aparece un halo especial y supuestamente alejado de los peores vicios, o equivocaciones gruesas, de la sociedad anónima común: del capitalismo de pura cepa. Pero, viene bien para demostrar que más allá de rótulos o de sistemas técnicos en la formulación social: lo que siempre priva en la salud empresaria, es la calidad de gestores y de gestión. En la hora donde en América se expande la moda del « socialismo» (que, en verdad, encubre algo más y que parecía sepultado con la Unión Soviética y China) se puede caer en el ensueño de que con el advenimiento de este tipo de regímenes políticos, todas las lacras enquistadas desaparecerán como por obra natural.
Ninguna fórmula de textos asegura nada por sí sola, siempre estará por delante el prestigio individual de los dirigentes y la idoneidad puesta en favor de una empresa, o de un país. Que lo demás es pura «cháchara», también viene a demostrarlo la caída de una líder como SanCor, manejada desde lo cooperativo.
Sea Soros o sea Chávez, lo cierto es que otro nombre tradicional de nuestra vida económica podría revistar bajo la vigilancia foránea. Siderúrgicas, petroleras, cementeras, alimentarias, gran parte de las agropecuarias, han venido siguiendo el camino de la venta y del ingreso de capitales de afuera. Y mientras prosiga la política del «apriete» -como la actual- no debería extrañar que se sumen casos y más casos, de las que resuelven hacerse de unas millonadas de dólares: y dejar de soportar el maltrato, que es moneda común emitida desde nuestros funcionarios.
Después, viene el asombro por las ventas y la tendencia a ser penetrados por foráneos.