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12 de febrero 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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El Presidente conminó a todos a informarse -respecto del movimiento que sacudió al mercado de bonos locales- y, además, afirmó: «Por un cambio de funcionarios estas cosas no pasan...». Y también agregó la explicación: al parecer, un fondo de inversión comenzó a vender bonos desde hace unos días. Y que habían sido adquiridos, tal lo dicho por Kirchner, en diciembre del pasado año.

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De paso, apuntó que «no hay nada ilegal», pero que el gobierno «las está siguiendo de cerca a las operaciones». Poco tiempo han tenido los bonos en cartera estos inversores -que, seguramente, serán nuevamente tildados de «buitres» si continúan vendiendo- y es una notable coincidencia que hayan salido de modo impulsivo, justamente cuando estalló todo lo del INDEC. En la versión presidencial no hay conexión, no habría motivos que permitan aunar el suceso en el organismo, con la venta intempestiva. Por supuesto, tampoco con todos los demás que vinieron saliendo, ni con la debilidad aparecida a partir de esto. Ni mucho menos con el haber tenido que postergar una licitación de títulos, por lo convulsionado del terreno.

Nosotros hemos seguido el consejo y nos informamos de esta versión libre, de la tónica bajista que sacudió a los bonos (que sean del CER es otra causalidad, seguramente). Pero será por lo ignorantes que somos que tal versión no nos cierra... ¿y a usted?  


Sin buscar indirectas, con las directas alcanza: mejor que se cuiden los que quieran continuar con ventas, porque cuando el radar vigila, a más de uno le puede llegar una reconversión y una «invitación» a cambiar su actitud. Todo sigue llamando la atención, pero en especial por la perplejidad que demostraron los gobernantes, ante lo que ellos toman como un simple recambio de funcionaria: sin tener la menor idea de lo delgada que es la frontera entre creer y sospechar. Tampoco recuerdan refranes de cabecera -como que «el capital es lo más miedoso del mundo»- y que en situación de riesgo, o sospecha «la mayoría piensa con las piernas».

Esto es lo más preocupante, el tomar medidas sin tener ni la aproximación del efecto que puede causar y la onda expansiva que puede forjarse. Como que entre todos se miren y digan: «Cambiamos a una funcionaria de segunda línea y mirá el lío que se armó...». Hay que suponer que, veloces como el rayo, ciertos allegados le habrán llevado la explicación sobre el fondo vendedor, para que el Presidente pudiera decir algo y ya sin poder eludir el tema.

(Menos mal que el « compañero» Moyano cambió de camión en medio del camino y apelando a viejas figuras de la economía, justificó lo hecho: «porque era peor lo que hicieron aquellos». Y no sabe Moyano que todavía hay cosas mucho peores en la historia.)

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