Con amigos como éstos, para qué querrá el gobierno tener enemigos... Y como todo estaba de maravillas en el perforado mercado de los bonos, aparece Chávez para jugar de «mecenas»: y, al mismo tiempo, aparecen desde Venezuela sacando bonos a reventar. Generando el doble efecto, de ratificar a tales títulos como los activos más desagradables del menú mundial. Y darle un terrible impulso a la columna del riesgo-país que se pasó de fiebre y, quizás, llegando a límites donde el paciente comienza a delirar. Es un buen atenuante, la alta fiebre que todo lo envuelve, para poder justificar -aunque difícil de entender- a un ministerio de Economía que no tiene mejor idea que discutir con el mercado.
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Vulnerando la primera gran «ley de oro» de todo observador, o participante de las finanzas: con el mercado no se discute. Y por allí salieron enarbolando algunos ratios (como un inversor de Bolsa que aduce números de un balance, para discutir con la baja de una acción). Que el superávit, que cerrar bien las cuentas, que las reservas suben de nuevo, que los depósitos suben... Y todo coronado con una frase que los sintetiza en que: «No hay nada que justifique movimientos especulativos...». Justamente dando en el clavo con lo que puede estar sucediendo, pero al revés de cómo lo creen. Lo « especulativo» -natural y racional en la vida diaria- parte no de lo que muestre el presente, sino de lo que «se especula» pueda suceder a futuro (no sería especulación, de otro modo). Y esa visión se desprende de las famosas «expectativas racionales». Que si se colocan en el lado desfavorable, no hay nada que las detenga desde lo simplemente aritmético. Además, si en Economía quieren un argumento que sí respalde a la tendencia del mercado, es la «gran estafa» que -como la película- tuvo dos versiones. Desde el lamentable tratamiento del canje de deuda (que nos dejó sin crédito internacional). Como en lo que les rebanan a los bonistas, con falsear el índice de inflación de manera permanente y grosera. (Parte de lo que el país acumula es reservas, no es bien habido, sino estafando impunemente.)
Cambiar el prestamista «de última instancia», pasando del Fondo Monetario a un personaje como Chávez es otra de las huellas que cada vez resaltan más, en el sendero de decisiones audaces que vienen desde atrás. Y hoy cuando repican las campanas, se sale a mostrar algún par de ratios presentes y con gesto de asombro, por lo que se viene dando. Sin advertir, o no querer hacerlo, que las campanas suenan puntuales y no cabe preguntar por quién. Hay pasados que condenan.
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