24 de junio 2004 - 00:00

Destino de presidentes con magros resultados

Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde y ahora Néstor Kirchner tienen algo en común: todos colocaron a China como uno de los destinos clave y prepararon largos viajes con numerosas comitivas hacia ese país.

Sin embargo, el mercado chino se abrió de manera importante, obviando las gestiones presidenciales, por la devaluación del peso y el aumento de los precios internacionales de la soja. Fuera de este producto, sólo progresaron en el ingreso a China empresas alimentarias como Arcor, siderúrgicas como Techint y algunos mercados puntuales como el de espectáculos deportivos.

Paradójicamente en todos estos casos y en otros marginales, su ingreso a este mercado no dependió de la diplomacia oficial sino de gestiones particulares de las empresas.

Los números son claros. Las exportaciones argentinas a China eran en 1980 de u$s 300 millones, de 250 millones en el '85, de 220 millones en el '90, de 224 millones en el '94 y de 790 millones en 2000. Desde allí treparon a los u$s 2.461 millones del 2003 y a la proyección de u$s 2.600 millones este año.

• Objetivo político

La Argentina y la República Popular China establecieron relaciones diplomáticas a partir del 19 de febrero de 1972. El primer presidente que llegó a Pekín fue Jorge Rafael Videla en 1980, mientras que Raúl Alfonsín fue el primero desde el retorno de la democracia. El líder radical visitó China en 1988, un año antes del fin de su mandato y con un objetivo más político que económico. Alfonsín buscaba apoyos internacionales para continuar con el Movimiento de Países no Alineados, donde veía cierto futuro político personal. Ese grupo de estados perdió toda razón de ser luego de la caída del Muro de Berlín en 1989 y dejó de reunirse en 1991. Alfonsín viajó acompañado por 50 empresarios, por su ministro de Economía Juan Vital Sourrouille y su canciller Dante Caputo.

Sin embargo, hubo un logro importante cuyas consecuencias se notaron recién 13 años después. Alfonsín firmó un poco promocionado en esos días protocolo para que China abra su mercado de soja a las exportaciones argentinas, un documento que no fue utilizado hasta bien entrada la década del '90 y sobre cuya base legal se realizan actualmente las compras de ese commodity.

Carlos Menem
también fijó a China como objetivo primario. En sus diez años de gestión viajó dos veces, en 1990 y en 1995. Fue el primero que firmó algunos acuerdos comerciales bilaterales y de cooperación científica que permitieron algún tipo de mejora en las exportaciones de vinos, lanas, algodón, acero laminado y cueros. En el viaje organizado en 1990, se buscó algún mercado que reemplace a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que desde fines de los '70 y durante la década del '80 fue uno de los principales compradores de cereales de la Argentina.

Fernando de la Rúa viajó con mucha promoción a China en setiembre de 2000
, en un raid similar al que protagonizará ahora Kirchner. El ex presidente llegó a Pekín, previas escalas en México, Estados Unidos y Canadá. Hubo en la gira también unos 100 empresarios y más de 40 políticos, incluyendo a muchos de los que también hoy acompañan a Kirchner.

De la Rúa firmó acuerdos para la apertura de los mercados de la carne, sin mayores perspectivas. En esos años, el intercambio comercial bilateral era negativo para la Argentina; con 800 millones de dólares de exportaciones y 1.200 de importaciones, incluyendo juguetes, textiles, calzado y herramientas.

Eduardo Duhalde
también tuvo su aventura por China, aunque enemigo en esos días de la disciplina y los manejos de la política internacional, el viaje oficial lo protagonizó su devaluado ministro de Producción, José Ignacio de Mendiguren; paradójicamente ahora también integrante de la comitiva oficial. El viaje del ideólogo de la devaluación fue a comienzos de abril de 2002, y la euforia del ex UIA se basaba en que China comenzaría a cambiar su perfil importador de productos agropecuarios, petróleo, alimentos y siderurgia, por máquinas y bienes de capital. No pudo ser más errado su propósito y hoy la Argentina es para ese mercado un exportador de soja y algunos productos primarios más.

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