Destino de presidentes con magros resultados
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Sin embargo, hubo un logro importante cuyas consecuencias se notaron recién 13 años después. Alfonsín firmó un poco promocionado en esos días protocolo para que China abra su mercado de soja a las exportaciones argentinas, un documento que no fue utilizado hasta bien entrada la década del '90 y sobre cuya base legal se realizan actualmente las compras de ese commodity.
Carlos Menem también fijó a China como objetivo primario. En sus diez años de gestión viajó dos veces, en 1990 y en 1995. Fue el primero que firmó algunos acuerdos comerciales bilaterales y de cooperación científica que permitieron algún tipo de mejora en las exportaciones de vinos, lanas, algodón, acero laminado y cueros. En el viaje organizado en 1990, se buscó algún mercado que reemplace a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que desde fines de los '70 y durante la década del '80 fue uno de los principales compradores de cereales de la Argentina.
Fernando de la Rúa viajó con mucha promoción a China en setiembre de 2000, en un raid similar al que protagonizará ahora Kirchner. El ex presidente llegó a Pekín, previas escalas en México, Estados Unidos y Canadá. Hubo en la gira también unos 100 empresarios y más de 40 políticos, incluyendo a muchos de los que también hoy acompañan a Kirchner.
De la Rúa firmó acuerdos para la apertura de los mercados de la carne, sin mayores perspectivas. En esos años, el intercambio comercial bilateral era negativo para la Argentina; con 800 millones de dólares de exportaciones y 1.200 de importaciones, incluyendo juguetes, textiles, calzado y herramientas.
Eduardo Duhalde también tuvo su aventura por China, aunque enemigo en esos días de la disciplina y los manejos de la política internacional, el viaje oficial lo protagonizó su devaluado ministro de Producción, José Ignacio de Mendiguren; paradójicamente ahora también integrante de la comitiva oficial. El viaje del ideólogo de la devaluación fue a comienzos de abril de 2002, y la euforia del ex UIA se basaba en que China comenzaría a cambiar su perfil importador de productos agropecuarios, petróleo, alimentos y siderurgia, por máquinas y bienes de capital. No pudo ser más errado su propósito y hoy la Argentina es para ese mercado un exportador de soja y algunos productos primarios más.




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