Directora del FMI, más complicada en un caso de fraude
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Lagarde era ministra de Finanzas en Francia cuando Tapie recibió el pago.
La directora del FMI tuvo que responder el martes, por cuarta vez, durante más de 15 horas a los jueces de la Corte de Justicia de la República (CJR), instancia habilitada para investigar a los miembros del gobierno por las presuntas irregularidades cometidas en el ejercicio de sus funciones.
"He pedido a mi abogado que presente todos los recursos a esta decisión que considero totalmente infundada", agregó.
La justicia investiga la sentencia arbitral de 2008 que concedió 400 millones de euros a Bernard Tapie, de ellos 45 millones por daños morales, para acabar con un largo litigio entre el empresario y el banco Crédit Lyonnais por la reventa de la empresa de artículos deportivos Adidas.
Cinco personas están acusadas de "estafa en banda organizada", entre ellos el propio Tapie y el exdirector de gabinete de Lagarde cuando era ministra de Economía y actual consejero delegado de la compañía teléfonica Orange, Stéphane Richard.
Los jueces tratan de determinar si esta sentencia fue fruto de "un simulacro" de arbitraje organizado con el aval del gobierno de la época, cuando Nicolas Sarkozy era presidente del país.
Lagarde, que siempre ha asegurado haber actuado "conforme a la ley" en este asunto, quedó en mayo de 2013 como testigo asistido, una figura judicial situada entre el simple testigo y la acusación.
Hasta ahora, la institución de Washington le ha brindado su apoyo, pero la imputación formal podría cambiar su situación aunque haya sido solo por "negligencia", un delito que le puede acarrear la cárcel y una multa de 15.000 euros. Los jueces instructores le reprochan que no recurriera el fallo del arbitraje.
Lagarde siempre ha reivindicado la responsabilidad del arbitraje y la decisión de renunciar a pedir su anulación, alegando la voluntad de poner fin a unas diligencias largas y costosas.
También ha desmentido que actuara por orden de Nicolas Sarkozy, que habría querido conseguir el apoyo de Bernard Tapie, exministro de izquierda en los años '90.




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