La cuestión cambiaria está en el centro de los debates económicos. No solo por el recalentamiento de los dólares paralelos de los últimos días; también por el nivel del tipo de cambio real, las crecientes dificultades del Banco Central para comprar reservas, los próximos vencimientos de deuda en dólares y las dudas sobre las perspectivas de apertura del cepo cambiario. Incipientemente, asoma un punto, en principio de menor envergadura, pero que incidirá en los próximos meses: la aparición de un factor que tendió a “inflar” la oferta de divisas a partir de marzo, que próximamente pegará la vuelta y sumará presión adicional sobre las arcas del BCRA.
Se trata de los préstamos en moneda extranjera adjudicados por bancos locales, que se dispararon en marzo y abril. En ese lapso, el otorgamiento creció 518% respecto del nivel promedio registrado en años de cepo cambiario, según cálculos del economista Damián Pierri. La estimación se desprende de los datos del Balance Cambiario del Banco Central, que muestra que en marzo se adjudicaron u$s979 millones en términos brutos de este tipo de créditos y en abril, u$s830 millones. El promedio mensual desde la entrada en vigencia del actual cepo (en agosto de 2019) es de u$s146 millones.
Estos préstamos en dólares obtenidos por empresas en la plaza local, que son liquidados por regulación (80% en el mercado oficial y 20% en el dólar CCL en el caso de una prefinanciación de exportaciones y todo en el oficial en el caso de un crédito regular), sumaron en estos meses una oferta adicional de divisas que ayudaron al BCRA a comprar dólares. Más aún teniendo en cuenta que, al venir de un período de bajo nivel de operaciones de este tipo de financiamiento, los vencimientos a saldar resultan acotados.
Dólar, préstamos en moneda extranjera y el impacto en las reservas
Así, según el balance de la entidad que preside Santiago Bausili, los préstamos financieros locales en moneda extranjera dejaron un saldo favorable neto de u$s794 millones en marzo y de u$s542 millones en abril. Los números contrastan con los once meses previos, de los cuales siete arrojaron saldo deficitario por esta vía. El impacto no es menor: según Pierri, sin este crecimiento de los créditos en dólares, las reservas brutas habrían caído u$s626 millones en el bimestre marzo-abril en lugar de cerrar en leve alza, como ocurrió.
Pero el efecto no durará por siempre. Y es algo que en los despachos oficiales saben. “Hoy hay un flujo neto de ingreso de divisas por esta vía muy alto porque los créditos viejos eran muy pocos, entonces la salida es chica. Y es esperable que esto sea un pico porque mucho más arriba nunca se han ido los préstamos locales en moneda extranjera. Entonces, ahora solo te queda bajar”, explicó Pierri, que es investigador asociado del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de Buenos Aires de la UBA y el CONICET, en diálogo con Ámbito.
Esto implica que, cuando estos créditos empiecen a vencer, las empresas irán a buscar los dólares al Central para cancelar las deudas con sus bancos, algo que el actual cepo no restringe. Es decir, lo que ahora infla la oferta sumará presión por el lado de la demanda de divisas en momentos estacionalmente más desfavorables para las reservas internacionales, en los que se descuenta que el BCRA pasará a ser vendedor neto.
¿Quiénes están demandando estos préstamos? Según Pierri, el fuerte crecimiento no se explica plenamente por las prefinanciaciones de exportaciones de bancos locales que, si bien avanzan, lo hacen en una magnitud bastante más moderada. Tampoco por un arbitraje ya que la baja de tasas del BCRA le resta atractivo. “Hay crédito genuino sobre todo a empresas energéticas y químicas que deciden tomar riesgo con tasas del 2% anual en dólares”, le dijo a Ámbito el economista. Compañías que en definitiva eligen quedar expuestas con deudas en moneda extranjera.
Fuentes de la City señalaron que los bancos lo están utilizando como vía para buscar mayor rentabilidad y se lo otorgan a firmas que, por regulación, tienen que ser generadoras de divisas. Las empresas, en tanto, intentan aprovechar las bajas tasas a las que se ofrece ese financiamiento, sobre todo las que confían en que el equipo económico evitará un nuevo salto devaluatorio.
Pero, más allá del riesgo que decidan asumir las empresas, hay implicancias concretas para la dinámica cambiaria futura. Un BCRA que está teniendo dificultades para escalar la acumulación de reservas (en plena cosecha gruesa, con pago de importaciones aún pisado y con el anabólico que representa la liquidación de los préstamos locales en moneda extranjera) tendrá que luego destinar divisas para su cancelación. “No solo que está comprando poco (más o menos u$s50 millones diarios) cuando tendría que estar comprando u$s200 millones, sino que, en septiembre o diciembre, cuando tendría que estar vendiendo u$s100 millones, va a estar vendiendo u$s200 millones”, ilustró Pierri.
Dólar, cepo y la tensión en los mercados
En definitiva, se trata de un elemento más de los tantos que reflejan los desafíos que tendrá el Gobierno de cara a una apertura del cepo que aún no tiene fecha definida. El propio Luis Caputo señaló días atrás en el IAEF que todavía no están dadas las condiciones para hacerlo. Como señaló este medio, en el mercado ya reparan en la dinámica de un endeudamiento comercial que sigue en alza y de un desarme de pasivos remunerados del Central que decanta en un incremento de la deuda en pesos del Tesoro, con vencimientos de corto plazo que crecen.
Por lo pronto, la euforia inicial fue mutando en los últimos días: escalaron los dólares paralelos, cayeron los bonos y repuntó el riesgo país. Al impacto de la última baja de tasas, se sumaron las advertencias por el atraso del dólar oficial, la ralentización de las compras del BCRA y la preocupación por el probable pago de los vencimientos del swap con China en meses en los que ya de por sí hay compromisos de la deuda en dólares con los bonistas y el FMI.
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