Casi sin quererlo, un reputado economista se interpuso en un negocio. Cuentan en el mercado hotelero que un grupo inversor argentino que ya cuenta con hoteles en el país y en el extranjero estuvo a punto de adquirir el establecimiento levantado sobre la calle Carlos Pellegrini, en el solar que ocupara la vieja sastrería militar. El hotel está casi listo, para ser entregado llave en mano, e incluso la familia Indómito -de la constructora Garbin-propietaria le había colgado el cartel con la marca que habían elegido: «Naindo».
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Sin embargo, ya el año pasado (o sea antes de la devaluación y la crisis que se desató en diciembre) habían decidido que era más barato mantenerlo cerrado y ponerlo en venta que abrirlo y operarlo. Durante meses estuvieron buscando interesados, sin encontrarlos, hasta que se contactaron con el mencionado grupo, que también tiene intereses en el negocio inmobiliario, el hípico y el vitivinícola/aceitero. Cuando estaba casi todo listo, convocaron a un economista -que alguna vez ocupó brevemente la máxima responsabilidad a nivel público de esa profesión-para que les pintara un panorama del futuro del país. La visión del economista fue tan negra que los potenciales compradores decidieron dar marcha atrás con la operación. El hotel sigue en venta.
Esto sucede en un momento en que no hay demasiadas novedades en este sector, que supo ser uno de los más dinámicos de la economía. El único gran emprendimiento, el Park Hyatt que se hará en los terrenos del Palacio Duhau, marcha a «paso crisis», y sus dueños están esperando ver cómo evoluciona la situación económica para avanzar más rápido o poner el pie en el freno.
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