El argumento que, en su momento, habían expuesto los industriales norteamericanos (fundamentalmente nucleados en la ciudad de Pittsburgh), era que el mecanismo de reintegros a las exportaciones argentinas implicaba un subsidio, con lo cual convenía colocar derechos adicionales a los envíos provenientes de terminales como Techint o Somisa. El mismo argumento había tenido definición negativa para los exportadores argentinos en el caso de la miel.
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