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5 de julio 2002 - 00:00

El temor de Cardoso: que, como en Argentina, vengan incompetentes

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Una de las escuelas, la «fiscalista», sostiene que el germen de la catástrofe fue inoculado en la década de 1990, en la forma de un aumento virtualmente explosivo del gasto y de la deuda del sector público. Esta escuela argumenta que el aumento del gasto, financiado en buena parte con fondos del exterior, bajó el tipo real de cambio e hirió de muerte a las exportaciones, y que cuando se acabaron los fondos externos el Estado absorbió los fondos del mercado local de capitales (bancos y AFJP) y así condenó a la economía argentina a una continua recesión a partir de 1998.

La otra escuela, la «monetarista», según la definición que usan los fiscalistas, sostiene que el factor más responsable de la catástrofe ha sido la ineptitud que caracterizó al gobierno de la Alianza, de la Alianza & Cavallo y de Duhalde; que la causa ha sido la mera incompetencia profesional de gobernantes que ignoran cómo funciona el mundo y una economía como la argentina, tan sensible a los cambios de portafolio y de memoria hiperinflacionaria.

El punto clave de la discrepancia es la evolución del gasto público consolidado en la década de la convertibilidad (1991-2000), pues según la visión fiscalista todo lo demás es apenas una consecuencia. Los primeros dos gráficos muestran la trayectoria de la medida más ambiciosa del gasto: administración nacional + provincias + municipios + jubilaciones + intereses de la deuda, sobre la base de datos oficiales publicados por el Ministerio de Economía en «Caracterización y Evolución del Gasto Público Social» (2001). El primer gráfico ilustra la trayectoria del gasto expresado en pesos o en dólares corrientes, y el segundo informa sobre la trayectoria del gasto como proporción del PBI.

Una primera conclusión salta a la vista. El gasto público primario creció mucho durante la convertibilidad, de $ 48.000 millones por año en 1991 a $ 83.000 millones en 2000, es decir, 73%. En tanto que el gasto consolidado (primario + intereses) subió todavía más, de $ 51.000 millones por año en 1991 a $ 95.000 millones en 2000, es decir, 86%. La factura de intereses de la deuda se cuadruplicó en la década.






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