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Los diarios en su mayoría abundaron con precisiones sobre el aluvión de dinero que arrojaría China sobre la Argentina para saldar, con u$s 20 mil millones, la deuda con organismos internacionales. Hasta detallaron que se haría a través de bonos del Tesoro norteamericano que dispone ese país, a cambio de sesiones de tierras, acceso a la energía y la explotación del agua (alguno hasta habló de que se instalarían aldeas en la Argentina para chinos, un status del cual esa nación parece disponer con Australia). Radios y TV orillaron las mismas versiones sobre el gigantesco e inminente aporte asiático.
Para confirmar a este diario o desmentir la expectativa informativa desplegada por los otros (y la obediente e insólita compañía del resto de los medios con lucubraciones que, algunos, por lo menos, rayan con el delirio), el ministro Julio De Vido, cuando fue consultado por el «megaanuncio oficial» de la asistencia china por u$s 20 mil millones para saldar la cuenta con el FMI, sonrió; y, sin comentar, dijo simplemente para evitar otras vergüenzas: «No hay nada de eso».
No fue el único dato de que la realidad transcurre ajena a lo que, se supone, es la influencia de los grandes monopolios: los mercados financieros ni se han inmutado ante la noticia de la llegada de 20 mil millones de dólares que, a priori, por lo menos hubiera hecho volar los precios.
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