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Y estos cambios parecen haberse coronado con un objetivo oficial de avanzar rápidamente a un superávit primario de 3,5% del PBI. Este último es sin duda un dato alentador, ya que el superávit actual de algo más de 2% escasamente alcanza para los pagos de intereses de la deuda con organismos internacionales y por préstamos garantizados, y de la nueva deuda -BODEN- emitida con posterioridad al 31.12.01, y aun sin considerar los intereses impagos de los préstamos garantizados en poder de tenedores que no han aceptado la pesificación.
Sin embargo, una renegociación sostenible de la deuda requiere más que un programa macroeconómico que asegure un adecuado superávit primario inicial. Requiere además un plan financiero que conteste:
• ¿Cómo se pagarán los vencimientos de capital de la deuda que no se encuentra en default?
• ¿Cómo se pagarán los vencimientos de capital de la deuda reestructurada que hoy se encuentra en default?
• ¿Cuándo se logrará, luego de la reestructuración, nuevamente acceso a los mercados voluntarios de crédito?
• ¿A qué tasa de interés podrá colocarse una nueva deuda en esos mercados, y qué superávit primario requerirá la misma?
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