Tras una larga temporada de negociaciones, se aprobó el pasado viernes en la Cámara de Diputados el acuerdo de Facilidades Extendidas con el Fondo Monetario Internacional. Además de la reducción del déficit fiscal y de la emisión monetaria, la acumulación de reservas es un objetivo clave dentro del programa, en el que se acordó una meta de u$s5.800 millones para 2022. El acuerdo establece 10 revisiones trimestrales, en las que el cumplimiento de estas pautas condicionará los desembolsos del organismo. Analistas privados señalan que la meta de reservas es alcanzable, pero advierten que, por el impacto de la guerra en Ucrania, esto sólo podría alcanzarse a costa de una actividad económica estancada.
El propio programa establece desembolsos del Fondo y financiamiento de organismos multilaterales, lo que permitiría lograr la meta de recuperación de divisas acordada para este año. Sin embargo, la invasión rusa a Ucrania llevó al alza el precio de la energía, lo que le demandará más dólares al Banco Central para financiar las importaciones de gas que necesitará el país a lo largo de 2022. En ese marco, surge la pregunta de si es compatible la meta de acumulación de reservas con los objetivos de crecimiento económico que proyectó el Gobierno entre el 3,5% y 4,5% para este año en el marco del memorándum pactado con el FMI.
Un informe de la consultora Equilibra puso los números sobre la mesa. Señaló que la porción de los desembolsos del FMI que podrá contabilizarse en la meta de acumulación de reservas internacionales netas (u$s4.432 millones) y la proveniente de otros organismos multilaterales o acreedores bilaterales (u$s1.389 millones) proporciona un colchón inicial suficiente para cumplir con el objetivo de acumulación de divisas pautado para este año.
Pero existen otros factores que complejizan la cuenta: “No se está partiendo de cero al contabilizar la acumulación de reservas, ya que, en los primeros dos meses del año, se perdieron unos u$s1.500 millones (fundamentalmente por los pagos al FMI y al Club de París que sumaron unos u$s1.240 millones). En segundo lugar, restan pagos de interés que realizar al FMI y otros organismos internacionales, para los que se utilizarán los desembolsos que no pueden contabilizarse como reservas. Al final de cuentas, quedarán poco más de u$s4.000 millones en DEG y unos u$s2.880 millones de multilaterales y bilaterales para ser utilizados en otros compromisos”.
“Descontando los intereses al FMI, multilaterales y bilaterales, la cuenta corriente del balance cambiario no aportará nuevos recursos, ya que quedaría prácticamente equilibrada”, señaló la consultora. Aunque expresó que, por el lado de la cuenta de capital, habrá que saldar préstamos financieros, títulos de deuda y líneas de crédito por unos u$s3.000 millones netos en lo que resta del año, y la formación de activos externos sumará otros u$s650 millones.
Así, consideró que el Central deberá acumular reservas por alguna otra vía para cumplir con la meta, como un ingreso neto de capitales para inversiones financieras o productivas, endeudamiento de largo plazo público o privado, o una combinación de ellas. “En definitiva, según nuestras estimaciones, deberían contabilizarse otros ingresos vía cuenta financiera por unos u$s3.800 millones, a contramano de la dinámica de los últimos cuatro años, pero por debajo de los ingresos netos de capitales de cualquier año del período 2006-2017, con excepción de 2012”, sostuvo Equilibra.
Es por eso que el informe sostiene que la meta de acumulación de reservas para 2022 es un objetivo posible, pero que este impactaría sobre la actividad económica “que podría caer en el promedio del año”. Por este motivo, desde la consultora resaltan que “la meta de u$s5.800 millones fue pensada previo a conocerse el impacto de la guerra sobre los precios de la energía”. En consecuencia, sostienen que es probable que el FMI le otorgue algún waiver a la Argentina que le permita incrementar sus importaciones para sostener el nivel de actividad.
Jorge Neyro, analista macroeconómico, señaló que sostener el crecimiento encima del 3% será desafiante, en concordancia con la meta de acumulación de reservas acordada, ya que cada 1% que crece el PBI argentino, las importaciones suelen crecer por lo menos 3%. “Un crecimiento como el estimado, en torno al 3%, va a requerir una suba importante de importaciones y no sabemos si va a ser compatible con la meta de acumulación de reservas acordadas con el organismo”, planteó. Asimismo, agregó: “Es posible crecer en este contexto internacional volátil y complejo, pero no es posible crecer a altas tasas, porque el mundo está viendo que, con el alto precio del petróleo, las restricciones comerciales desatadas por la guerra y las altas tasas de inflación que probablemente se mantengan, el crecimiento va a ser menor a lo que se esperaba y eso va afectar de alguna manera las exportaciones argentinas. Sin embargo, todavía hay elementos para pensar que la Argentina puede crecer al 3% este año, lo cual no es una mala noticia, pero está relacionado al arrastre estadístico que nos dejó el crecimiento del año pasado, por lo cual no hay un crecimiento propio de este año”.
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